LOS ESPIRITUS DE SEPTIEMBRE

 

Tomás Delgado Montes

Quince días antes las almas y las voces lo dijeron,

lo gritaron en el salón de actos para que lo escuchara el mundo.

 

Aquellos ecos quedaron prisioneros en los muros de Salaices.

Miguel Quiñones sacudía la conciencia de la sociedad de alumnos Corazón y Acero.

La luz de su mirada tenía el acerado anillo

de la decisión, más quizás no fue percibido.

 

Descubrimos las desigualdades, decía.

El iracundo poema de su discurso se incineraba

en el crisol del revolucionario espíritu

la teoría brincó del aula al discurso

y en la práctica se hizo realidad

porque allende montañas y desierto,

en aquellas comunidades, donde los espíritus

se presentaron con el corazón en la diestra,

la enseñanza se hacía realidad

y la lucha de clases adquiría rostro.

                               

Era una arcaica historia que las noveles conciencias

de maestros normalistas percibían.

Al indio despojaban de su bosque milenario

y sus ojos, que no aceptaban las iniquidades,

miraban con impetuoso azoro:

guardias blancas en los feudos del terrateniente.

Desigual contienda: el ganón contra el jodido,

el indio contra los tala bosques.

 

Los que todo carecen y los ahítos de la abundancia,

y entonces se decidieron a favor de los desheredados,

tomaron el último escalón de la contienda social.

 

Era por septiembre.

Escogieron la última vía de lucha,

la lucha armada,

su valiente perspectiva

Su sangre generosa quedó brindada desde Madera

hasta el último rincón de la patria.

 

México iniciaba transformaciones históricas

y los rojos espíritus de septiembre,

desde aquel veintitrés de madrugada

viajan por el limbo de los revolucionarios.

 

Otoño del 98. Ciudad Juárez, Chih.