Todos quienes nos involucramos en la política estudiantil, tuvimos desencuentros y los superamos. A mí, por ejemplo, cuando estaba en la FECSM, Eliud Valdez dio margen a que un grupo de compañeros me imputaran faltas inexistentes y me hicieran una especie de juicio político. Desatendí mis deberes nacionales y me vine a Salaices; habían generado cierto repudio hacia mí.

En la reunión de la Sociedad de Alumnos un compañero que en honor a mi memoria QDEP, la hizo de algo así como fiscal, presentó las acusaciones y una a una se las desbaraté, luego sacaron la carta fuerte.

Habíamos comprado a plazos, y se habían firmado 12 letras, un tocadiscos en Parral, pero el tesorero, que era el buen compañero Vélez, en el último informe había escrito: "Pagamos la última letra del tocadiscos" y reclamaban que me había robado el importe de seis; exigí que se exhibiese el contrato de compra y les demostré que sólo se habían pagado seis, que eran las que correspondían a los seis meses de nuestra gestión, y si Vélez dijo "la última" se refería a la última de nuestra gestión que, como recordarán, era de seis meses.

Aclaradas las cosas, los compañeros embistieron desesperados en fastidiarme. Tomé la palabra, les exprese mi disposición a acatar lo que decidiesen democráticamente, que estaba muy cansado y me iba a dormir. Efectivamente me fui, me dormí y desperté cuando llegaron un grupo de compañeros, celebrando que habían aclarado muy bien todas las acusaciones y la Sociedad de Alumnos las había rechazado por absoluta mayoría.

Regresé a la FECSM; en marzo regresé a Salaices, me dediqué a estudiar como loco para recuperar el tiempo perdido, participé en una reunión de la comunidad escolar, el director y los maestros, entre otros, Alberto Ramírez, que era un buen orador. Estaban agresivos contra los compañeros, pretendiendo eludir sus desatinos; yo había decidido mantenerme al margen, pero ante los excesos intervine, destruí las argumentaciones de los maestros y el director, quienes terminaron por reconocer sus errores.
Terminó el año escolar y con él mis estudios. En el grupo, en forma unánime, decidieron que yo hablase en la graduación; los más entusiastas fueron quienes más fuerte habían pretendido enjuiciarme y saben que los que sobrevivimos nos seguimos queriendo mucho.