50 ANIVERSARIO DE LA G. 60-66 DE LA ENR DE SALAICES. (Palabras de bienvenida)

Marcelo Amaro Villalobos

Pues bien, compañeros: Aquí estamos nuevamente como hace cincuenta años. Que facilito lo digo, ¿verdad?, sin embargo, la maravilla de nuestra mente nos remite en este instante a otro espacio y a otro momento, que paso a relatarles:

 Son las 5 de la mañana de un día cualquiera… Mejor de un lunes, para ponerlo más simbólico.

 La banda de guerra atendió a regañadientes los gritos del maestro de guardia y en 15 minutos ya está en el pórtico. Magnifico e irrepetible portal de tres arcos de nuestra amada Alma Mater.

 

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 Los agudos acordes de las cornetas y el monótono redoble de los tambores retumban no sólo hasta el último rincón del edificio, sino que llegan con toda puntualidad hasta los hogares de La Hacienda, El Porvenir y más allá.

 En el dormitorio sur, el “tres de diana” provoca quejidos, lamentos y maldiciones en voz alta. Algunos fueron a su casa el fin de semana: Cano a Jiménez; Félix, El Querubín y Guerre a El Oro; pero había casos más difíciles, los que fueron a bailar… o “a morrear”, como el Chico Matracas, el Zape Rubio, Pedro Tarín, Toño y el Chupitos, entre otros…

 De todos modos no había clemencia para nadie. Ni la buscábamos. A las 5:30 ya estábamos los 300 alumnos del internado pasando lista de presentes, cada uno en su respectivo pelotón, en espera de la voz de mando de “El Caniz” para romper filas: ¡sale pato! (después fue Camacho).

 A las 6 de la mañana, invariablemente, todo mundo toma clases en su salón… y el gran edificio permanece en silencio.

 ¡Ahh!, tiempos aquellos. Pero la vida pasa y nosotros junto con ella. Ya se ha dicho: Los salaicinos somos una especie en extinción. Pero aquí estamos, hoy compañeros, y eso es lo que cuenta. Aquí estamos para decirle al mundo, a nuestro mundo, formado por los seres que amamos, que hace 50 años egresamos como maestros.

 Hoy queremos contarles algo de esos momentos de convivencia fraterna, una parte breve pero muy definitoria de nuestras vidas, porque para los que nos tocó la suerte de vivir en plena adolescencia la interesante aventura del internado, siempre serán un halago las remembranzas, como las que tendremos hoy.

 Y no voy a desaprovechar el momento frente a tan bonito auditorio, para echarle flores a aquella sociedad de alumnos “Corazón y Acero”, cuyas asambleas fueron escuela de formación para todos nosotros. Aquellas asambleas en las que todo se discutía, se criticaba, se proponía y se llegaba a un acuerdo, pero nunca se amenazaba a nadie por ser “desidente”. Jamás  nos guiábamos por consignas o “línea” alguna, y a nadie, ni siquiera a los novatos, se les presionó para que votaran por algún candidato.

 Cómo añoramos después aquellas formas casi utópicas de convivencia social cuando por ironías de la vida, siendo ya profesores y adultos, todos pasamos a formar parte de un sindicato absolutamente corrupto y corruptor, hasta nuestros días.

 Yo digo que nuestra generación, o más bien las generaciones de maestros salaicinos, de los años 50’s y 60’s fuimos muy afortunados y… muy desgraciados (en el buen sentido).

 Me explico; afortunados porque partíamos hacia la comunidad rural que se nos asignara, ya fuera a las profundas barrancas con alma de plata de Batopilas y Urique, a las nevadas cumbres del Mohinora en Guadalupe y Calvo o a los fríos bosques de pino en San Juanito.

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 Los laguneros, a la sierra del ´espinazo del diablo´ y hubo quien fue a dar a las puertas de El Gargaleote, en S.L.P... Y hasta allá fuimos, con el corazón rebozando de alegría y en la mente una convicción forjada a través de la convivencia diaria con nuestros maestros y nuestros hermanos del internado.

 Íbamos a transformar la sociedad. Llevábamos la antorcha que los liberaría no solo de la ignorancia, sino principalmente de la explotación de los caciques y de la cruel desigualdad y miseria en que los tenía sumidos el capitalismo.

 “Los caminos de la juventud son caminos de izquierda”,  decíamos. “Son soñadores e ilusos”, nos decían algunos. Y tal vez lo éramos, pero más de uno arriesgó el pellejo… O lo ofrendamos en aras de esos sueños.

 Y, sin embargo, fuimos desdichados en este sentido: buscábamos el cambio y todo sigue igual; demandamos justicia social y ésta sigue siendo una aspiración lejana no sólo de México,  sino de la humanidad entera.

 ¿Y la educación? ¿Qué está pasando con la educación? No es necesario decirlo aquí pero hay tantas cosas que deberían mejorar. Lamentablemente ninguna tiene que ver con los vituperios tendenciosos y malvados que se lanzan a diario en contra de los profesores de base.

 Pero no se incomoden, compañeros. Estoy bien consciente de que no venimos a echar rollo (pero ya ven como es uno). Mi participación es para decirles, en nombre del comité organizador de esta reunión, que nos sentimos emocionados por estar otra vez juntos.

 A los que vienen de La Laguna, y más allá, ¡bienvenidos! Se les extraña. Qué bueno que regresan a esta tierra que un día los vio – y los sigue viendo- como el ingrediente necesario de Salaices.

 Aquella sociedad pluricultural y pluriétnica de la que formamos parte hace apenas… ¡CINCUENTA AÑOS!

16 de julio de 2016

 

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DATOS SOBRE EL AUTOR

El profesor Marcelo Amaro Villalobos nació en Santa Elena, municipio de Manuel Benavides, Chih., pueblo a orillas del río Bravo, limítrofe de EE UU y México.

 Pertenece a la Generación 1960-1966 de la Escuela Normal Rural de Salaices, Chih., de 57 maestros.

 Prestó sus servicios como maestro en la Escuela Primaria de Heredia y Anexas, Guerrero, Chih., de 1966 a 1968. Del 68 al 72 laboró en la  Escuela Primaria Federal de Creel, Chih. 

 En 1972 obtuvo cambio de adscripción a la Escuela Primaria Ramón López Velarde de Ciudad Juárez, Chih., lugar en donde reside hasta la fecha.

 Laboró también en la Escuela Secundaria Técnica 10 de Caseta, Distrito Bravos, Chih., en la franja fronteriza (de 1980 a 1990) y en la EST 1 de Ciudad Juárez (de 1990 a 1996).

En el trienio 96-99 fue Oficial Mayor del Comité Ejecutivo de la Sección 8 del SNTE en Chihuahua.

El último año de servicio -1999-2000- lo trabajó en la EST 1 de Ciudad Juárez.