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ASOCIACION DE EXALUMNOS DE LA ESCUELA NORMAL DE SALAICES, A.C.

 



PROFESOR ADOLFO MERAZ MEDRANO (1952-2019)

 

I
Adolfo Meraz Medrano fue el primero de los nietos de don Isabel Medrano Macías y doña Dolores Quintana, ya fallecida cuando él nació.
Adolfo y su hermano Humberto eran niños muy sonrientes, así los recuerdo cuando mis hermanos, mis papás y yo íbamos a La Guardarraya, municipio de Cusihuiriachi, Chih., cada cuatro de julio, Día de Santa Isabel, a festejar a mi abuelito Chabel.

La mayor motivación que tenía yo para ir a ese viaje era ver a mis dos primos Meraz Medrano, hijos de mi tío Toño Meraz y mi tía Aurora Medrano. Me daba gusto verlos porque eran muy amables conmigo.
De inmediato nos íbamos los tres al arroyo, bajando el barranco, a bañarnos en sus aguas, que entonces eran cristalinas y puras. Ellos ya sabían dónde estaban los mejores hondables para echarnos clavados. Las risas comenzaban cuando nos desvestíamos, quedando solo en calzones, ropa que nuestras madres confeccionaban con costalitos de harina, pues ellas optimizaban todos los recursos.

Después del baño nos íbamos a comer, casi siempre chicharrones y carnitas, además de chile colorado con carne de puerco. Era un día inolvidable el que pasábamos los tres, al lado del abuelo, las tías y los primos y primas más chicos que nosotros.

II
Ya más grandecitos, mis primos Meraz Medrano se fueron a vivir a Cuauhtémoc. Yo seguía en Anáhuac.

En esta última población funcionaba –funciona aún- una fábrica de pasta para hacer papel, Celulosa de Chihuahua. Esta factoría ocupaba a mucha gente que recibía buenos salarios. Además, los menonitas de los campos cercanos, en las riberas de la laguna de Bustillos, eran gente que también tenía recursos suficientes para su sobrevivencia.

Ante el auge económico de la región ribereña de la laguna, que abarcaba otras poblaciones como Favela, Centro Calles y otras, se abrieron en Anáhuac algunos negocios: mueblerías, dos cines, fotografía, supermercados chicos, gasolinera, carnicerías, expendio de carnitas y otros giros, entre ellos un drive in, negocio que expendía cerveza abierta sin que los clientes tuvieran que bajarse del vehículo, disfrutando además de una buena sombra.

Mis primos Adolfo y Beto iban a tocar a ese lugar los sábados. Llegaban en la mañana de Cuauhtémoc y tocaban y cantaban hasta después de mediodía. Entonces pasaban por mi casa, mi mamá les daba algo de comer y se iban a tomar el camión para regresarse a Cuauhtémoc. Adolfo tocaba el saxofón y Beto la guitarra.

Llamaba mucho la atención que siendo tan chicos, pues aún no terminaban la primaria, tocaran tan bien sus instrumentos y cantaran tan bonito. Los señores les daban propinas y ellos muy contentos regresaban a su casa donde entregaban lo ganado a mi tía, contribuyendo desde entonces a la economía del hogar.

III
En agosto de 1965 viajamos a la Normal Rural de Salaices, mi tío Toño Meraz, mi primo Adolfo y yo. Mi primo iba a presentar la prueba de admisión a esa escuela formadora de maestros, ubicada en pleno llano entre Jiménez y Parral, al sur del estado. Yo había ingresado un año antes.
Ese año hubo cerca de 800 aspirantes a la beca federal que incluía dormitorio, alimentación, estudios, un juego de ropa de cama y dos de ropa personal y un par de zapatos tipo militar, cada año escolar.

Mi primo Adolfo, junto con otros 40 niños, fue parte de esa selección, al obtener uno de los mayores puntajes en la prueba.
La escuela-internado, donde convivíamos cerca de 300 alumnos de secundaria y de profesional, era una inmensa familia, en donde había que cumplir comisiones de cocina, lavandería, panadería, porquerizas, establos, aseo de sectores y desde luego, tender cada quien su cama a las 5:30 a. m. cuando nos despertaba el toque de la banda de guerra.

Dicen que la mejor definición de inteligencia es la capacidad de adaptación que tiene una persona. Mi primo no tardo nada en adaptarse a la nueva familia y muy pronto, al acercarse a los ensayos vespertinos de nuestra orquesta estudiantil, los músicos lo vieron tomar uno de los desvencijados saxofones y arrancarle notas musicales. Se quedaron asombrados Arias, Arreola, Chaías y Gilillo al ver que un niño tocaba igual o mejor que ellos. Y de inmediato lo invitaron a formar parte del grupo musical. A los pocos días se presentó mi tío Toño con un saxofón nuevecito, todavía en su caja. Desde ese momento mi primo Adolfo no dejó de tocar, durante los seis años de internado, desde 1965 hasta 1971.

Inició en Salaices en 1965, ahí cursó los tres años de secundaria y primero de normal. En agosto de 1969 cerraron Salaices y la convirtieron en secundaria técnica, enviando al ciclo profesional a terminar la carrera a la ENR de Aguilera, Durango.

IV
Las actividades de Adolfo dentro de la Normal fueron primordialmente la música y la formación académica, ocupando siempre un lugar privilegiado entre los mejores promedios de la G 65-71, Salaices-Aguilera. Además, cumplía otros roles: era buen deportista, le gustaba correr para sudar y bañarse, nadar en la alberca en temporada de calor; formaba, desde luego, parte del orfeón, grupo coral así llamado. Pero, lo más importante, era un alumno totalmente adaptado a la vida comunitaria, siendo siempre solidario con los demás.

Otra cualidad: causaba asombro en todos los que lo oímos, su facilidad para voltear al revés frases y oraciones completas, inventando un idioma en clave que tardamos bastante en descifrar. Era inteligente en grado máximo.

En los festivales de la escuela, cuando tocaba la orquesta, llamaba mucho la atención que siendo tan chico ya tocara el saxofón con maestría. Toda la comunidad escolar –maestros, personal de apoyo y asistencia, alumnos- lo queríamos mucho por ser una persona sumamente sobresaliente y amable. Nunca lo vi enojado.

V
Las Normales Rurales eran 29 en el momento de su cierre, en agosto de 1969. 20 de hombres y 9 de mujeres. Fueron las ENR un sistema tan homogéneo en la formación de docentes, que cualquiera que conozca a un maestro egresado de Salaices verá las grandes similitudes que tiene con otro de una normal remota, como puede ser Tamatán, Tamps, San Marcos, Zac. San Diego Tecax, Yuc, Hecelchacán, Camp. o Mactumactzá, Chih.

Las ENR nacieron durante el gobierno de Calles, Salaices en 1927. Las quisieron los siguientes tres gobiernos bienales –Portes Gil, Pascual Ortiz Rubio y Abelardo L. Rodríguez-. Las amó Lázaro Cárdenas. Pero a partir de Ávila Camacho, todos los gobiernos les hicieron el feo, hasta llegar al colmo, en 2014, la noche entre el 26 y 27 de septiembre, cuando 43 estudiantes de la ENR de Ayotzinapa, Gro. fueron desaparecidos.

En la ruleta de la suerte, o aplicando el gobierno el método de cerrar a las más combativas, a Salaices le tocó morir en agosto de 1969.

Las ENR habían tenido participación activa en el Movimiento Estudiantil del 68 y en la denuncia de la masacre ocurrida en la Plaza de Tlatelolco, el 2 de octubre del 68, a escasos días de que fueran inaugurados los juegos olímpicos en la Ciudad de México.

Díaz Ordaz estaba enojado -más que sus antecesores- con las Normales Rurales. Además, sabía que maestros egresados de ellas habían participado en movimientos armados, como fue el caso de Genaro Vázquez Rojas y Lucio Cabañas Barrientos, exalumnos de Ayotzinapa, Gro. y de Miguel Quiñones Pedroza, egresado de Salaices en 1963, quien participó en el asalto al cuartel militar de Ciudad Madera, Chih., el 23 de septiembre de 1965, cayendo abatido por las balas.

En Madera participaron 13 combatientes, murieron 8 –entre ellos Miguel- y sobrevivieron 5. Actualmente viven dos: Florencio Lugo y Paco Ornelas Gómez.

VI
Nosotros no sabíamos del cierre de Salaices; mi primo Adolfo y yo nos bajamos con los velices del Estrella Blanca en el crucero de Salaices, en aquel aciago agosto de 1969. Vimos a muchos uniformados. Era la Policía del Estado la que tapaba la entrada a la brecha de dos km que llegaba la escuela.

Lo mismo ocurría en otras 14 normales que también estaban tomadas por las fuerzas del Estado.
Tres compañeros maestros, exalumnos de Salaices, José Luis Aguayo, Ricardo Muñoz y Rogelio Tabares – todos ya fallecidos- estaban en el crucero recomendando a los que íbamos llegando que nos fuéramos a la plaza de Jiménez, que ahí nos esperarían los ferrocarrileros, gremio siempre solidario con las causas sociales, así como algunos miembros del Partido Comunista Mexicano.
Nos fuimos a Jiménez; nos hospedaron y alimentaron los compañeros ferrocarrileros durante la semana que duró la resistencia.

Cada día hacíamos una manifestación en la plaza de la ciudad, pidiendo al gobierno que se retractara de su decisión. De nada valió. La causa estaba perdida. Como pudimos, tal vez los mismos compañeros trabajadores de las vías nos dieron dinero, nos fuimos a Aguilera, a unos 80 km al norte de la capital de ese estado.

Allá, en nuestra nueva casa, no fuimos del todo bienvenidos. Los compañeros de Aguilera no habían sido movilizados y nos veían en cierta forma como intrusos. Poco a poco nos fuimos integrando. Deportistas con deportistas, banderos con banderos, políticos con políticos, aunque estos últimos, después de tremendos debates.

Quienes no batallaron nada para fusionarse fueron los músicos, dada su sensibilidad artística que los hace seres especiales. Rápido formaron la nueva orquesta con los mejores elementos de ambas orquestas, destacando sobremanera el alumno Adolfo Meraz Medrano, músico desde que nació.

VI
Adolfo era serio, callado, pero sonriente. Parecía que la política no le interesaba. Sin embargo, sus compañeros de grupo siempre lo elegían como jefe de alguna de las actividades grupales; esto lo hacían porque era un jefe que no significaba ningún problema de trato.

Parecía que la política le era ajena; sin embargo, recientemente mi amigo Daniel Torres Jáquez, editorialista de El Heraldo de Chihuahua, me comentó que cuando él vivía en Pedernales, municipio de Guerrero, Chih., de donde era dirigente del Partido Socialista Unificado de México, le tocaba asistir a las asambleas regionales en Ciudad Cuauhtémoc, y quien presidía era el profesor Adolfo Meraz, en su carácter de dirigente de ese partido político de izquierda, aún en ciernes.
Siempre lo acompañaba su papá a las reuniones, el señor Antonio Meraz.

Era tan modesto mi primo que esta faceta de su vida nunca me la platicó. Tuve que saberlo por parte de este compañero periodista.

VII
Las vetas de artista dedicado a la música, de deportista, de defensor de las causas sociales y de docente ya las traía mi primo Adolfo desde chico. Dicen que se conjugan dos variables para formar la personalidad de cada quien: la herencia y el medio ambiente. Las dos se conjugaron en mi primo Adolfo para formarlo como uno de los mejores músicos mexicanos, reconocido internacionalmente, al haberse presentado con sus grupos musicales en Estocolmo, Suecia, en cuatro años distintos.

Además, sin ser muy partidario del deporte grupal, procuró siempre cultivar un deporte individual para conservar su cuerpo sano.
Como defensor de las causas justas, ya se ha dicho, siempre estuvo al lado de los desposeídos.
Como guía y ejemplo de cientos de niños, la sociedad de Cuauhtémoc lo guarda en la memoria como un docente que dejó huella.
Hay hombres y mujeres que respiran luz, el profesor Adolfo Meraz Medrano fue uno de ellos.

Ramón Gutiérrez Medrano. 15 de mayo de 2020.

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