BETO, EL PANADERO DE SALAICES
José Luis Aguayo Álvarez
8 de diciembre del 2002. El Heraldo de Chihuahua
Algunas personas tienen virtudes especiales como para poder influir poderosamente en la vida de otros y convertirse en seres inolvidables; suelen, estos personajes, disfrutar del aprecio, del cariño y la admiración de todos cuantos los rodean. Es el caso de Beto “El Panadero", quien influyó de manera determinante en muchos jóvenes que estudiábamos en la Escuela Normal Rural de Salaices.
“El panadero” se llamaba Roberto Salcido Sotelo, nació en Villa Escobedo (Minas Nuevas), cerca de Parral, de donde procedían sus padres. Don Agustín, el jefe de familia, había emigrado después de la Revolución a la región de Villa López asentándose en los años treinta, aproximadamente, en la Ex-Hacienda de Salaices.
Beto ingresó a la Escuela Secundaria en el internado, interrumpió sus estudios para dedicarse definitivamente al trabajo de panadero; de esa manera su vida tomó un rumbo distinto.
Podía haber estudiado para maestro pero parecía que el destino lo llamaba irremediablemente a formar parte de la dinastía de panaderos; su padre hacía pan desde principios del siglo en su pueblo natal y en otros de la región; cuando se estableció en Salaices proveía de pan a la Escuela Agrícola.
Beto y su hermano Manuel (Matías) continuaron el camino de panaderos y todavía, cuando Beto se retiró, uno de los sobrinos continuó en el oficio; a él le tocó cerrar definitivamente la panadería de la escuela que los Salcido habían instalado casi medio siglo antes.
En su hoja de servicios de febrero de 1976 extendida por la Secretaría de Educación Pública, cuando don Roberto buscaba la jubilación, se hace constar que ingresó el 1º de abril de 1946 en calidad de panadero con un sueldo de 5.00 pesos diarios.
En 1949 recibió un incremento de 1.26 pesos diarios. Su nombramiento fue cambiando; en los años cincuenta pasó a "panadero de escuela normal primaria"; a mediados de esta misma década lo nombraron "artesano D" y su sueldo se fue incrementando paulatinamente.
En los registros se señala que fue "artesano" de diferentes niveles y recibió los beneficios de aquella lucha librada por los maestros en pro del incremento en las zonas de vida cara.
En 1969 se cerró la Escuela Normal, Beto pasó a la Secundaria Técnica Agropecuaria en el mismo internado. El 15 de julio de 1976 se jubiló con 31 años de servicio y con una cuota diaria de 92.80 pesos. Trasladó su domicilio a ciudad Delicias, donde murió el 10 de julio del año 2002 a los 74 años de edad.
Se había casado en el año de 1954 en ciudad Delicias, Chihuahua, con Dolores Barrón Olivas, procedente de Valle de Allende, Chih., con quien procreó a Isabel Cristina, Blanca Estela, Víctor Hugo, Martín Enrique, Oswaldo (†) Ernesto y Roberto.
Todas las familias que radicaban en el edificio de la escuela, así como los trabajadores que vivían en la Ex-Hacienda, estaban influenciados de la formación socializada que irradiaba el internado para todos cuantos tuvieran alguna relación con aquella rica realidad donde convivía la actividad educativa, el deporte, la agricultura, la alegría y las preocupaciones comunes.
Roberto hijo recuerda haber vivido durante quince años en la escuela; creció midiendo su estatura con la “artesa” de la panadería. Se formó dentro del ambiente normalista, la vida de él y de sus hermanos se guiaba por los “toques” de la Banda de Guerra, las actividades del alumnado, los entrenamientos deportivos, las fiestas, el trabajo organizado, etc.
Los hijos de don Beto y su esposa vivieron las huelgas, participaron al lado de los estudiantes, padecieron con ellos los momentos críticos, lamentaron en el corazón el fin del internado y la forma violenta como las policías lo tomaron por asalto en el agosto triste de 1969. El episodio quedó grabado en la vida de “El panadero”, comentaba después que desde aquel día le quedó el entusiasmo por la vida “en un cincuenta por ciento”.
En el perfil humano que describe su hijo señala: "Fue un hijo admirable, tenía mucho amor para sus padres; era un hermano protector y muy respetuoso. Fue un buen esposo durante casi 48 años de matrimonio que "nuestros padres convivieron pendientes, de los, muchas veces, rebeldes e inquietos hijos".
Fue sumamente amiguero, recibía constantemente visitas; lo reconocen como un "ser humano sensible, presto siempre a la broma y la mejor manera de lograr la esencia sublime de la vida". Toda la familia le llamó "Papá Beto".
LAS CARACTERÍSTICAS PERSONALES
Cotidianamente se manejaba con un torrente de humorismo sin fin, las más difíciles y escabrosas situaciones se convertían para él en un filón de diversión; visto a distancia hemos de señalar que su humorismo no era vulgar, tenía una gran elegancia... era muy fino.
Si entendemos que el humorismo es el momento en que la realidad se "quiebra" de una manera imprevista creando un ambiente de sorpresa, extrañeza y ruptura violenta con la lógica, Beto hacía todo ello como un verdadero humorista. Le faltó alguna oportunidad en la vida para estudiar cuestiones artísticas, no hubo quien lo impulsara para desarrollar todas aquellas potencialidades que exponía ante nosotros.
El ser chistoso no ocupaba su mayor interés. Ahora que leemos sus notas vemos que tenía una cierta profundidad filosófica y una especie de intento fuerte por reflexionar sobre la vida y los múltiples aspectos que conlleva. El humorismo le servía para envolver sus preocupaciones y su mensaje que siempre era de amistad sincera.
Le quedaba bien aquella frase de la poesía de Garrik: "Tiene una gracia artística asombrosa, todo aquél que lo ve muere de risa", pues era un mimo que podía tocar la guitarra, cantar, declamar, bailar, improvisar todo ello, escribir pequeños cuadros cómicos, hacer canciones, discursos y cuentos (conocemos algunos que son una verdadera joya de literatura y humor).
UNA MUESTRA DE SU LITERATURA
Escribió muchas poesías y relatos, todo con un sencillo sentido popular, sin mucha preocupación por las cuestiones técnicas. Una muestra de ello es el escrito llamado "Visita al manicomio", que presentó al público a principios de los años sesenta.
"Al preguntarle a un interno del manicomio el motivo por el que se encontraba ahí me miró de pies a cabeza y me contestó: "Mira, pues yo para mi desgracia me casé con una viuda que tenía una hija casadera, con la cual se casó mi padre que había enviudado, esto hizo a mi esposa la suegra de su suegro y yo al padrastro de mi padre.
Al poco tiempo mi padre tuvo su primer hijo; el cual era mi hermano, pues se trataba del hijo de mi padre; era nieto de mi mujer y mi nieto político y hermanastro de mi madrastra y luego al nacer mi primer hijo fue cuñado de mi padre y además su nieto, mi esposa era la hija de su hijastro, mi padre hermano de su hermanastro y yo resulté ser mi propio abuelo".
Él me preguntó qué me parecía la situación. Yo no alcancé a decir otra cosa que "¡ah, jijo!".
En uno de sus muchos poemas refleja un estilo semejante al de Pito Pérez, aquel personaje famoso del escritor Rubén Romero; creo que se identificaba con él como con otros muchos artistas y con los pachucos de la frontera.
"El Tiempo", se llama su poesía:
Qué puedo pedirle al tiempo,
si siempre ha sido mi aliado.
Le debo parte de todo
de lo mucho que he logrado.
Tiempo quisiera tener
y aprender mucho en la vida.
Tiempo que a veces me falta
y que mucho se me olvida.
Sólo sé que en estos tiempos
de rencores y tristeza,
el tiempo vamos pasando:
no hay que perder la cabeza.
Pero dejemos al tiempo
que nos guíe, que nos madure,
para poder ser felices
mientras la vida perdure.
De esta misma manera escribió al estilo de "las calaveras" en las que menciona una enorme cantidad de personas, demostrando así el aprecio que tenía por todos nosotros.
Le gustaba imitar a los artistas de ese momento y cambiaba las letras de las canciones. Como Jorge Negrete, declamaba: "Yo soy panadero y a nadie le fío, no es que sea muy malo es que el pan no es mío".
Seguía con Negrete: "Porque uso de lado mi gorro harinero, todos aseguran que soy marinero, yo les garantizo que soy panadero, de acá de este lado, puro panadero".
Cambiaba el sentido de los dichos y los aforismos: "Dime cómo te llamas y te diré quién eres". "Si la montaña no viene a ti, ¿qué demonios andas haciendo en la montaña?". "Si los perros ladran Pancho, es porque hacemos mucho escándalo al cabalgar".
* “LAS LLANTAS USADAS”
Cómo me dan pena
las llantas usadas,
que siempre soñaron
ser vulcanizadas...
y allá van las pobres
rodando sin tino,
dejando pedazos
por todo el camino.
Cómo hay quien se atreva
a traerlas rodando
y, con tanto peso,
vayan rechinando;
unos que, de malos,
les sacan el aire...
y otros que les echan
cantidad más grande.
Por las calles ruedan
esas pobres llantas,
soportando un peso
que ya nadie aguanta...
En su pobre lomo
todo descosido
llevan la imborrable
marca de un tronido.
Tienen dos caminos
que seguir nomás:
sea para adelante,
o sea para atrás.
De sus agujeros
ni el Señor se apiada,
porque desde arriba
no les mira nada;
y allá van las pobres
rodando sin tino,
dejando pedazos
por todo el camino.
Cuando las encuentro
por la carretera,
las llevan los “cafres”
a toda carrera.
Y pienso que dicen,
sin detenimiento:
¡Estas llantas viejas
pronto las aviento!
Este pensamiento
es el de un ratero
que, para comprarlas,
se robó el dinero.
Y allá van las pobres
por agua y por frío,
a quedar en manos
de cualquier “judío”.
Las llantas usadas
me dan esas penas,
porque todas fueron
puras llantas buenas.
Todas fueron fuertes
y garantizadas
pero, de la “Popo”,
salieron robadas.
Tienen dos caminos
que seguir, nomás,
sea para adelante,
o sea para atrás.
Otros se convierten
en su cruel verdugo,
yéndose a empeñarlas
si aún les queda “tubo”.
Al ver estas llantas
tan llenas de parches.
quisiera comprarlas
pa’ hacerme “guaraches”.
Las llantas usadas
“El Charro” las trajo...
las dejó tiradas
allá por “el tajo”.
Y luego, en Salaices,
las vulcanizaron,
pero los “raiteros”
se las acabaron.
Y allá van las pobres
con rumbo a Torreón:
dieron el tronido
llegando a Escalón.
* Parodia de “Las abandonadas”.
Roberto Salcido Sotelo
Escuela Normal Rural “Abraham González”.
Le gustaba hablar de manera rimada; había temporadas en que hacía rima con todo. Llegamos a creer que era su forma natural de hablar pero de pronto decía:
"Me despido del verso y de la prosa porque andar rimando es mucha lata, llamaré por su nombre a cada cosa, a la mano mano y a la pata pata". Desde ese momento su forma de hablar era tan común como la nuestra.
LA PEDAGOGÍA DEL PANADERO
Roberto Salcido tenía preocupación porque nosotros estudiáramos y aprendiéramos; nos aconsejaba y nos regañaba con la autoridad de un hermano mayor y con toda seguridad muchos le deben el haber terminado la carrera de maestro, pues solía exigir buenos resultados en los exámenes.
Soy testigo de que en alguna ocasión salimos de la panadería para realizar un examen y Beto nos dijo: "Le daré dos panes de dulce al que traiga mejor calificación", esa era una de las formas simples con que demostraba estar pendiente de nosotros.
En su lugar de trabajo, que era la panadería, aprendíamos a hacer pan, a cantar, a bailar, le tomábamos sabor a la poesía y recibíamos lecciones de una pedagogía rústica muy a lo panadero:
"Primero te explicaré la teoría para hacer el pan blanco, pasaremos rápidamente a la práctica, si no lo haces bien al primer intento; eres de lento aprendizaje y para eso... la metodología es otra".
En la panadería también estudiaban los jóvenes para sus exámenes, de manera que el panadero había escuchado preguntas y respuestas de todas las materias durante varias generaciones; ya para la década de los sesenta conocía mucho de los programas que se aplicaban en la escuela y le nacía la curiosidad por participar en el ambiente educativo.
Tenía varios escritos de tipo humorístico-pedagógico: un ejemplo de ellos es "LA BURRA" escrita en verso con una métrica arbitraria en la que cambia constantemente el número de renglones para cada estrofa.
Se refiere a las aventuras de una burra que participó en los diferentes momentos de la historia nacional, de esa manera va mencionando los personajes más sobresalientes; por ejemplo: "Pues solamente un jinete fue el que le pisó la sombra y eso fue, según platican, en tiempos de la Reforma. Un jinete de Oaxaca que fue un indio Zapoteca, le aguantó los reparos desde el norte a la Huasteca". Menciona a Morelos, Iturbide, Guerrero, Ignacio Zaragoza... hasta llegar a Francisco I. Madero.
De la panadería, además de salir diariamente el buen pan para trescientos internos, también se producían los pseudónimos para los estudiantes y maestros. En cierta ocasión llamaron a Beto a la dirección de la escuela y alguien le explicó que no debería hacer tanta broma con los estudiantes ni bautizarlos con seudónimos porque los podría traumar afectando su vida futura.
Al regreso a la panadería venía muy preocupado; en lo sucesivo cuando algún alumno estaba molestando, Beto le decía: “Contrólese porque lo traumo”. Por la escuela comenzó a circular el rumor de que el panadero sabía traumar a la gente, esto se tomaba como una especie de brujería.
Aquéllos que fueron sus más cercanos amigos y alumnos lo reconocieron como un segundo padre, pues estando internos, lejos de sus familias, encontraron a una persona especial que se preocupó por ellos, los orientó y alentó para que estudiaran. Tal es el caso del profesor jubilado Manuel Valdez Durán, de la generación 1959–1965, quien desde el primer día que llegó a la escuela conoció la panadería; fue su primera impresión y hoy la tiene presente en sus recuerdos y sueños.
Platica que continuamente debería ir a las tres o cuatro de la mañana para preparar la levadura y durante el día, en cualquier espacio de tiempo, corría a auxiliar a Beto. El testimonio de Manuel en cuanto a su concepto del panadero dice: “Era de un corazón muy noble, se condolía mucho por el hambre de los jóvenes, que a partir de las once de la mañana caminaban frente a la panadería con la ilusión de recibir un pedazo de pan.
Beto se preocupaba por que estudiáramos, él conocía muy bien a los alumnos que verdaderamente aprovechaban su estancia en el internado y tenía gratos recuerdos de los mejores estudiantes que hubo.
Sus habilidades para el arte, particularmente al dibujar, eran muy notables y debieron haberse aprovechado de mejor manera. Tenía la facultad también para esculpir, preparaba la pasta que se coloca en el pan de dulce que lleva manteca, harina y azúcar y con ese material hacia esculturas utilizando las dos manos a la vez, trabajaba muy rápidamente y le salían muy bien sus trabajos.
Lo mismo sucedía cuando dibujaba, sobre harina, con todos los dedos, haciendo flores, caras, animales, etc. Ese talento se perdió, pues no hubo quien lo impulsara".
Manuel recuerda que a pesar de lo bromista que era y que se trataba con todas las personas era selectivo; algunos podían hacerle un tipo de bromas y otros no, tenía jerarquías de respeto, con ello nos enseñaba a considerar las diferencias entre las personas.
LA DESPEDIDA
En mi libro relacionado con la citada escuela hay el siguiente párrafo:
"Vista desde lo alto, a las once de la mañana de cualquier octubre soleado, debería parecer una colmena; cada uno de los alumnos y maestros estarían realizando las múltiples tareas: En algunas aulas se impartirían cIases, grupos de jóvenes harían el aseo en diferentes sectores del edificio, otros cortarían alfalfa para el ganado, habría una reunión urgente del comité ejecutivo de la sociedad de alumnos, no faltarían quienes hicieran deporte en las canchas o en la pista de carreras, la Banda de Guerra haría escoleta por alguno de los caminos vecinales.
Toda la escuela estaría impregnada por el santo olor de la panadería".
El texto revela la importancia del oficio de Beto. El olor del pan atrapaba a los jóvenes y el panadero se colocaba como el personaje central de los deseos y esperanzas incontenibles que teníamos de comer pan.
En 1999 escribió un testimonio para el libro citado, cuyo tema es la escuela formadora de maestros. Su escrito parece una especie de despedida de la vida; tal vez haya sido uno de los últimos que realizó:
“Estoy lleno de recuerdos y los llevo en mi memoria; conviví con animales de toda especie y figura: Perros, gatos, ratones, ratas, tejones, caballos, yeguas, potrancas, changos, toros, pájaros, zopilotes, ardillas y ardillones. La vida de panadero la pasé muy a gusto con todas esas gentes, no conocía la desdicha, solamente el aprecio, gracias a mis camaradas a quienes siempre les deseo lo mejor donde quiera que estén. Si pronto voy por otros caminos, porque a veces así pasa, me despido de todos y también de nuestra gran casa”.
*El año de 2010, fallece el Profr. José Luis Aguayo Álvarez, autor de este artículo periodístico.
Adaptación: Roberto Salcido Barrón.