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EL COSTAL DE TRIGO

Anécdota de la ENR de Salaices    

 

Seguridad alimentaria II. Elaboració de abono orgánico Bocashi

Platica mi compadre, el profesor José Guadalupe Gutiérrez, de la generación 1960 de Salaices, que varios compañeros suyos vivieron cierto día una mala experiencia. Dos de ellos eran Chuy Bañuelos García y Pilar Morales Flores.

Eran tres o cuatro alumnos los que aquella mañana andaban montados en una trilladora, mientras el perito agrícola conducía el tractor. La máquina cortaba el trigo, aventaba la paja a los lados y el grano a la tolva, en cuya abertura inferior un alumno colocaba el costal hasta que se llenara, para después separarlo y coserlo con ixtle, usando una aguja de arria.

Otro compañero colocaba un nuevo costal y así seguía el proceso de la cosecha.

Sucedió que uno de los costales de trigo resbaló y fue a caer a una zanja, por lo que de inmediato un compañero se bajó y lo cubrió con hierbas. El perito ni cuenta se dio.

En la nochecita fueron por su tesoro, que finalmente no era producto de un robo, sino de un mero accidente. Pesaba casi 80 kilos y con grandes trabajos los adolescentes lo cargaron; apenas lo podían. Cada 20 o 30 metros debían pararse a descansar, estaban muy chavalos, tiernos y flacos y cada uno pesaba menos que el costal. La intención era llevarlo hasta la tienda de Moy Tabares, distante unos 800 metros.

Sudaron mucho y gastaron sus escasas energías, pero llegaron con el comerciante que en ese momento hacía cuentas en el mostrador de su tienda, a la luz de una lámpara de gas. Desde la oscuridad de la calle los compañeros le ofrecieron el trigo: “¿Moy, cuánto nos da por un costal de trigo que traemos?”

El tanichero estaba entretenido tras el mostrador, mientras los muchachos apenas asomaban media cara para no ser reconocidos.

El viejo comerciante, hombre experimentado, les contestó: “Ahí pónganlo en la troje”. Cuando los muchachos regresaron por la paga, sin asomar la cara, le dijeron: "Moy, ya lo pusimos en la troje"; Moy les contestó:

“!Ah, conque se andan robando el trigo de la escuela, mañana verán cuando le avise al director; el profe Leyva es muy amigo mío, verán cómo les va a ir, ca...!”.

Los muchachos se asustaron mucho y sacando fuerzas de flaqueza -literalmente- no pararon de correr hasta que llegaron a su dormitorio. Iban exhaustos, asustados, sedientos y nerviosos. Afortunadamente Moy no los había visto por lo oscuro que estaba el lugar. Para colmo de males, llegaron cuando la cena se había terminado.

Nadie sabe para quién trabaja, el ganador fue Moy.

Un recuerdo para el querido Moy Tabares.

(Ramón Gutiérrez Medrano) 

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