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REMEMBRANZAS DE LA ESCUELA NORMAL RURAL DE SALAICES

(Imágenes y poemas)

Tramoyam3: Alberto Octavio Hinojos / rememora la Normal de Salaices,  Chihuahua

 

Alberto Octavio Hinojos Delgado

Chihuahua, 2009. Primera Edición

Portada: Guadalupe Luján de Baylón

145 P. p.

Impreso en Talleres Gráficos del Gobierno de Chihuahua

Mil ejemplares

Diseño: Leticia Carrillo Girón

Corrección de estilo: Claudia Saldaña León

 

SOBRE EL AUTOR

El profesor Alberto Octavio Hinojos Delgado nació en Ciudad Cuauhtémoc, Chih. Pertenece a la Generación 1963 de la ENR de Salaices, pero por razones que se desconocen terminó la carrera de maestro en el IFCM.

 En Salaices fue un alumno sumamente destacado como literato y como miembro de la Banda de Guerra, la que dirigía el compañero Antonio Valtierra Limones.

 Creo que es uno de los exalumnos que más ama a su escuela. Lo manifiesta en los versos que le dedica.

 Sus textos siempre son en verso, lo que significa un trabajo mucho más intenso que si lo hubiera hecho en prosa.

 Fue el primer exalumno que llegó al viejo edificio aquella madrugada del 4 de diciembre de 2004 cuando se fundó la Asociación de exalumnos. Nos consta porque cuando llegamos Balta, Meche y el que escribe, con la computadora para hacer el registro de los socios fundadores, él ya estaba ahí. Presidía la Comisión de Registro y Acreditación.

 Algunos de nuestros compañeros fueron sus alumnos en la escuela primaria de Jiménez, donde laboró por 15 años. Tal es el caso de José Humberto López Medrano y Alberto Carrillo González, quienes en reiteradas ocasiones han manifestado al maestro su cariño y gratitud.

 Laboró también en secundarias federales: en Buenaventura y en la ciudad de Chihuahua -en la Federal 7 de Villa Juárez, en la 1 y en la Nocturna para Trabajadores-. Fue maestro de Lectura y Redacción del Colegio de Bachilleres Uno y en la Preparatoria de Pensiones Civiles del Estado. Trabajó además en escuelas preparatorias particulares.

 Su especialidad es Lengua y Literatura Españolas por la Escuela Normal Superior de México. Colaboró durante varios años en la sección cultural de El Heraldo de Chihuahua, publicando más de 150 páginas completas con temas diferentes.

 Antes de este libro, en 2008, presentó ´Señorial Cuauhtémoc, Chihuahua´, obra también en verso, dedicada a su tierra natal.

 En 2013 estuvimos con él y con sus compañeros de la G. 63 en los festejos del 50 Aniversario de haber egresado de Salaices.

 Hoy sabemos que el maestro Hinojos esta internado en un centro de atención para adultos mayores. No sabemos en cuál. Valdría la pena buscarlo para saludarlo y manifestarle nuestro afecto, como él siempre lo expresó hacia todos los que lo tratamos.

 

SINOPSIS:

En la Introducción, el maestro Hinojos hace referencia a la obra educativa de Valentín Gómez Farías, impulsor de las leyes que marcaron el inicio de la Educación Pública en México, en 1833.

 Luego menciona a José Vasconcelos, creador de la Secretaría de Educación Pública en 1921, durante el cuatrienio de Obregón. Vasconcelos hizo efectivos los principios del Artículo 3° de la Constitución de 1917, dando importancia a la educación indígena, población relegada, en ese entonces, con cinco millones y medio de personas, de acuerdo al censo de 1910. Su labor alfabetizadora y el impulso que dio a la creación de escuelas y bibliotecas en todo el país colocan a Vasconcelos como uno de los más importantes secretarios de educación en México.

 Menciona a Rafael Ramírez y a José Santos Valdés, como maestros de gran valía que dignificaron la educación a través de las Misiones Culturales y las Normales Rurales.

 Se refiere después a Cárdenas y a su Educación Socialista, que echó abajo el siguiente presidente, Ávila Camacho. Luego a los presidentes que siguieron, aunque con alusiones breves.

 Con palabras llenas de añoranza recuerda el ritmo exacto, preciso, de las actividades realizadas en el internado de la ENR de Salaices y el enorme gusto que le causó haber vivido en aquel ambiente de gran organización y convivencia armónica. Al final de su introducción reflexiona sobre los valores, la pedagogía social y la actividad humana, que ha destruido el planeta.

 Antes de los versos, nos regala una bonita fotografía de dos grandes directores de la Normal de Salaices: Roberto García Montes y Andrés Silva Zavala.

 Es imposible hacer una sinopsis de sus versos. Solamente quien los lea podrá disfrutarlos.

 Después de hacer una necesaria retrospectiva de la historia de la educación en México, desde el Calmecac y el Telpochcalli, de los aztecas, hasta nuestros días, el resto de los poemas van dedicados a la Normal de Salaices.

 A la banda de guerra en la que él participó; a la biblioteca; a Miguel Quiñones; al matrimonio de doña Maclovita y don Esteban Gutiérrez; al tinaco, la calzada de Salaices, los dormitorios, los tristes muros, doña Chepa Molinar, doña Quica y don Chava Moreno, Cuquita -la enfermera-, don Pedrito Arrieta, la carreta…

Para muestra, sólo un poema:

 

AQUELLAS PAREDES

 

Oscura morada,

cuánta soledad

donde ha tiempo andaba

en mi mocedad.

 

Estos muros vieron

las generaciones

que en ellos vivieron

años anteriores.

 

Se escuchan sus cantos,

también sus lamentos,

sus lóbregos llantos

de aquellos portentos.

 

Lágrimas de hielo

arrullan mi llanto.

¡Siento desconsuelo!

¡Pues te quiero tanto!

 

Mis blancos cabellos

recuerdan tus muros

de mis tiempos bellos,

cual dulces murmullos.

 

Las tristes paredes

son mudos testigos

de aquellos que fueron

sus pródigos hijos.

 

¡Por aquí corrimos

muchísimos años!

¡En ellos vivimos

los tiempos de antaño!

 

Estos corredores

viven el ayer

de los tiempos nobles

de gran candidez.

 

!Cuánta fantasía,

qué felicidad!

El alma reía

por tanta bondad.

 

Estos techos viejos

que tanto admiramos

se hicieron añejos,

pero hoy recordamos.

 

No importa la edad

de éstos mis amigos,

que con mi llorar

curo mis delirios.

 

Ha pasado el tiempo,

corrieron los años,

y hoy aquí contemplo

sus severos daños.

 

Rígida y yerta

está tu estructura,

sé que no estás muerta,

mi débil criatura.

 

El escalofrío

cunde por mi cuerpo,

viendo que lo mío

está casi muerto.

 

Pobrecita amiga

que estás lastimada,

que Dios te bendiga

en cada alborada.

 

¡Qué tristeza mía

recordar aquello!

De grata alegría,

de bello recuerdo.

 

Ha pasado el tiempo,

ya me hice viejo,

y ahora, en silencio,

en aquello pienso.

 

♠      ♣      ♥

 

Ramón Gutiérrez Medrano. Noviembre de 2020, año de la pandemia.

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