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Asunto: envio documento. atte Jose Luis Aguayo Alvarez

Compañeros:

Este es el documento que la AC de ex alumnos de Salaices presentará en la 4ª reunión regional de maestros jubilados que se realizará de los días 20 al 23 de octubre; la discusión de los temas relativos al ISSSTE y su problemática y la defensa del Normalismo será el martes 21 en la ciudad de Chihuahua.

BOLETÍN INFORMATIVO

 

            El Comité Organizador del Noveno Encuentro de Maestros Jubilados y Pensionados de la Zona Norte, apoyados por la Asociación Civil de Ex- alumnos de la Escuela Normal Rural de Salaices, Chihuahua, nos permitimos emitir el siguiente boletín:

            Año con año nos reunimos los maestros jubilados de la zona norte del país, cambiando la sede a distintas partes; Torreón, Tijuana, Nayarit, Cd. Juárez.

            Nos corresponde el honor de ser anfitriones para recibir a nuestros compañeros y compañeras que acudirán durante los días 20,21,22 y 23 de octubre a la ciudad de Chihuahua. Con el fin de desarrollar un programa de actividades previamente preparado por la comisión organizadora.

            Es importante para nuestra ciudad y para nosotros mismos recibir a los que fueron educadores y educadoras en la región norte de la república pues con ellos viene la experiencia del trabajo, el conocimiento de la profesión y de los problemas que atañen a la educación y al magisterio.

            Por ello tendremos una jornada en la que se combina la fiesta, los eventos deportivos, los temas de reflexión y análisis de nuestra problemática.

            La jornada se sustentará en la siguiente programación.

            El día lunes 20 de octubre de las 12:00 a 13:00 será la recepción e instalación de las delegaciones.

            Ese mismo día; de las 18:00 a las 20:00 horas, en el Teatro de la ciudad se llevará a cabo el festival de bienvenida. La entrada será libre.

            El día 21 se realizará durante todo el día los encuentros deportivos y mesas de trabajo; con los temas: La Problemática de los maestros jubilados y la Defensa del Normalismo, se llevarán a cabo en el deportivo del ISSSTE.

            De las 16:00 a las 20:00 habrá un programa literario – musical que se integrará con la participación de los elementos de las diversas delegaciones que asistirán al encuentro; será en el auditorio municipal, la entrada será libre.

            El día miércoles 22 de las 10:00 a las 13:00 horas habrá un paseo por la ciudad, guiado por el profesor Rubén Beltrán Acosta, cronista de la ciudad y por la noche se llevará a cabo a partir de las 21:00 el baile de despedida en el Salón de los Aduanales.

            Finalmente el día 23 de las 12:00 a las 15:00 horas, en el centro recreativo El Mortero se realizará la comida de despedida de las delegaciones visitantes.

            Los organizadores y los maestros jubilados invitamos al público en general para que nos acompañe a esta Jornada de la fiesta, la amistad y la cultura.

            ATENTAMENTE, POR EL COMITÉ ORGANIZADOR

Profr. José Ángel Aguirre R.       Profra. Lelia Torres Torres       Profra. Luz Ma. Borja R.

 

 

 

            POR LA DEFENSA DEL NORMALISMO MEXICANO.

            LA ASAMBLEA ESTATAL DE LA A.C. DE EX ALUMNOS DE SALAICES DEL ESTADO DE CHIHUAHUA MANIFIESTA SU PREOCUPACIÓN POR LOS GRAVES ACONTECIMIENTOS QUE AFECTAN HOY AL SISTEMA EDUCATIVO ESPECIALMENTE A LAS ESCUELAS NORMALES. COMO NORMALISTAS QUE SOMOS PODEMOS, CON TODA AUTORIDAD, TESTIMONIAR LOS VALORES HISTORICOS, SOCIALES Y PEDAGOGICOS CONTENIDOS EN EL NORMALISMO TANTO RURAL COMO URBANO, POR ELLO EXPONEMOS UNA BREVE MENCIÓN HISTORICA Y LAS CONCLUSIONES QUE CONSIDERAMOS PERTINETES PARA ESTE MOMENTO

            La presencia y acción de varias generaciones de maestros que en las distintas etapas históricas han contribuido a la educación de la sociedad, hace reconocible al Normalismo como una corriente histórica y como una fuerza que ha contribuido indiscutiblemente al desarrollo de las naciones.

            La palabra “normal” hace alusión a “norma” que se deriva tal vez de la jerga de los antiguos gremios en cuyo seno se trasmitían las normas para dedicarse al “nobilísimo arte de enseñar a leer, escribir y hacer cuentas”, pero también se refiere a “normalizar” que antiguamente significaba una especie de disciplinamiento. En su acepción política la escuela fue sujeta a normas de la comunidad o del Estado para convertirla en transmisora de la cultura oficial, de la identidad con la patria y con el Estado mismo, esto aconteció en la época medieval cuando los primeros estados descubrieron la importancia de la educación. La primera escuela para la instrucción de preceptores fue creada en Reims, Francia por Juan Bautista La Salle en 1685 que es considerada como un antecedente de las actuales Normales; pero el término “normal” aplicado a este tipo de escuelas, se debe al decreto del 30 de octubre de 1794, expedido por el Comité de Instrucción Pública de la Convención Nacional, fruto de la Revolución Francesa, mediante el cual se crea la ECOLE NORMALE de París, que era una escuela primaria modelo en la cual se podía practicar la enseñanza con niños.

“ARTICULO 1º.: Se establecerá en París una Escuela Normal donde se requerirán de todas las partes de la República, de los ciudadanos ya informados en las ciencia útiles, para aprender bajo los profesores más hábiles, en todas las clases, el arte de enseñar.”

            En México las primeras Escuelas Normales surgen después de consumada la Independencia. En pleno gobierno de Agustín de Iturbide la iniciativa privada creó el 14 de julio de 1822 la Compañía Lancasteriana que en el año siguiente obtiene del nuevo gobierno el edificio del antiguo convento de los Betlemitas en la Cd. de México (hoy SEP) y funda allí la escuela “Filantropía” que fue la primera Escuela Normal Lancasteriana, destinada a capacitar maestros en el Sistema de Enseñanza Mutua. En 1824 el Congreso Constituyente de Oaxaca decreta la creación de otra Escuela Normal Lancasteriana, en 1825 se establece la de Zacatecas, y en 1828 las de Guadalajara y Chiapas.

            La etapa que transcurre desde la consumación de la independencia en 1821 hasta el triunfo de la República en 1867 se caracteriza por una cruenta lucha por consolidar un modelo político para la nación: República Federal o Central, Gobierno Liberal o Conservador. Dentro de tal confusión, la Compañía Lancasteriana es contratada por el Gobierno para dirigir la Instrucción Pública y difundir en el País el Sistema de Enseñanza Mutua. En esta etapa se dan los intentos educativos laicistas y liberales de Gómez Farías y el Dr. José Ma. Luis Mora, así como las intenciones monárquicas de Miramón y Maximiliano. En la Reforma de 1833 Gómez Farías empieza a destruir el monopolio educativo de la iglesia y derrumba la Real y Pontificia Universidad de México, que empieza a ser substituida por nuevas figuras educativas que son impulsadas en los Estados: Los Institutos Científicos y Literarios como los existentes en Guadalajara, Chihuahua y el Estado de México desde 1827, que contienen el germen de las futuras universidades. En 1832 se crea el de Zacatecas y en 1838 el de Coahuila con el nombre de Colegio Departamental. También se impulsan otras Normales Lancasterianas en Guanajuato en 1840, en Sonora en 1847 y en San Luis Potosí en 1849.

            Cuando Benito Juárez se levanta triunfante como constructor del Estado Mexicano con las leyes de reforma, la República Federal y el Liberalismo, se da en todo el País un nuevo impulso a la Instrucción Pública como una facultad inherente al Estado, bajo los principios de gratuidad, obligatoriedad y laicidad. La Compañía Lancasteriana se disuelve en 1870 bajo el embate del positivismo.

            En 1883, durante el porfirismo, el gobernador de Veracruz, Apolinar Castillo, invitó al maestro alemán Enrique Laubscher para crear en Orizaba un programa de capacitación para maestros en servicio, surgió así la Escuela Modelo de Orizaba que además de impartir instrucción primaria, capacitaba a los maestros en servicio bajo los principios de la enseñanza objetiva inspirados por Pestalozzi.

            Por recomendación expresa del presidente Porfirio Díaz el gobernador de Veracruz Juan de la Luz Enríquez contrató al maestro suizo Enrique Conrado Rébsamen para establecer en 1886 una Escuela Normal en Jalapa, donde fueron adoptadas para nuestro país las teorías pedagógicas de Herbart, Froebel y Russeau. Con esto y otros antecedentes el Normalismo mexicano refleja el pensamiento universal en el sentido humanístico, y progresista, contiene también aquella forma de enseñanza mutua en la que unos alumnos enseñan a otros hasta conformar un circulo educativo en toda la comunidad escolar.

            Estos dos hechos fueron el principio de una ola de creación de un nuevo tipo de Escuelas Normales inspiradas en principios pedagógicos venidos de ultramar cuyas normas de organización y administración habían sido implantados también en Escuelas Normales norteamericanas. En 1887 se crea la Escuela Normal de la ciudad de México fundada por Ignacio Manuel Altamirano, en 1889 la de ciudad Victoria en Tamaulipas, y en 1894 la de Coahuila en la ciudad de Saltillo, para 1900 había en el país 19 normales.

            Después del triunfo de la Revolución Mexicana y a partir de 1921 cuando José Vasconcelos crea la SEP, los revolucionarios pensaron que para realizar la titánica tarea de educar al pueblo de México y alfabetizar a la masa campesina concentrada en el medio rural, donde vivía el 75 % de la población; de poco servirían las más de 20 Escuela Normales Porfiristas que apenas podían cubrir las necesidades educativas del 25 por ciento de la población radicada en las ciudades, por tal razón se empiezan a crear un nuevo tipo de escuelas para formar maestros: Las Escuelas Normales Rurales con modalidad de internado, que en un principio fueron llamadas Escuelas Normales Regionales, la primera de las cuales se estableció en Tacámbaro, Mich., en 1922, seguida por las de Molango, Hgo, en Puebla se crearon tres en Puebla, una en Atlixco, la de San Juan del Río, Qro., la de Juchitán, Oax. y las Misiones Culturales que surgieron en 1923 de la transformación del antiguo programa de maestros ambulantes; la primera de ellas inició sus labores en Zacualtipán, Hgo., impartiendo cursos rápidos de actualización profesional a los numerosísimos maestros que estaban siendo contratados con tan solo 6º año de primaria.. Entre 1924 y 1925 el maestro Lauro Aguirre funda la Escuela Nacional de Maestros en el D.F. como escuela de concentración pero de carácter nacional.

            Por esa misma época la Escuela Normal Rural de San Antonio de la Cal, Oax. (trasladada luego a Tamazulapan), fundada el 3 de noviembre de 1925, tuvo la fortuna de ser visitada por el famoso pedagogo norteamericano John Dewey quien quedó sorprendido por la organización y el trabajo desplegado por los alumnos y maestros que habían adoptado los principios de la “Escuela Activa” y algunas ideas rusas de Anton Makarenko.                                                                                                                                                                                                

            A estas instituciones se agregaron las Escuelas Centrales Agrícolas también con internado que se iniciaron en 1925 bajo el gobierno de Plutarco Elías Calles, dependían de la Secretaría de Agricultura y Fomento con la función de formar técnicos agrícolas, llegaron a ser 8 planteles que fueron fusionados con las Escuelas Normales Rurales y las Misiones Culturales para formar las Escuelas Regionales Campesinas por instrucciones del ministro Narciso Bassols en 1933.

                 La época de oro de las Escuelas Regionales Campesinas formadoras de maestros y técnicos agrícolas fue el sexenio Cardenista, con sus modelos de educación socialista, ejido colectivo, cooperativa y escuela rural, en dicha etapa las Escuelas Regionales Campesinas llegaron a ser 35 que es la cifra más alta alcanzada por las normales federales; en ese tiempo fue cuando destacaron dos maestros que dieron brillo a la educación rural: Rafael Ramírez Castañeda y José Santos Valdés. Sólo la expropiación petrolera en 1938 con los compromisos de pago de indemnizaciones, provocó una reducción del presupuesto federal en todos los rubros que afectó también al Normalismo, y llevó a la desaparición de las Misiones Culturales. Otro hecho importante del cardenismo fue la creación en 1936 del (IPPES) Instituto de Preparación del Profesorado de Enseñanza Secundaria antecedente de todas las Escuelas Normales Superiores., así como de la (ENEF) Escuela Nacional de Educación Física.

            Los temores esparcidos por la Segunda Guerra Mundial, al final del Gobierno Cardenista, originaron que el gobierno de Manuel Ávila Camacho se convirtiera en un desmantelador del cardenismo revolucionario. Las Escuelas Regionales Campesinas fueron convertidas en 1941 en 18 Escuelas Normales Rurales y 16 Escuelas Prácticas de Agricultura, la educación socialista fue derogada y se desató una limpia de comunistas no solo en la educación sino en todos los niveles del gobierno. Tres actos positivos de ese sexenio fueron la creación de la Escuela Normal de Especialización en 1943, el restablecimiento de las Misiones Culturales en 1942 y la creación del IFCM en 1944 que ha sido la más grande institución normalista destinada a capacitar y regularizar maestros en servicio.

            En el Gobierno de Adolfo López Mateos y bajo el impulso del famoso Plan de 11 años lanzado por el ministro Jaime Torres Bodet, el Subsistema de Escuelas Normales Rurales vuelve a crecer hasta llegar al número de 34 que luego se estabiliza en 29, pero lo que había hecho López Mateos por el Normalismo, lo destruyó Díaz Ordaz cuando cegado y contrariado primero por las guerrillas de 1965 en las cuales participaron algunos de sus egresados y después por el Movimiento Estudiantil de 1968 que culmina con la masacre de Tlatelolco, cierra en 1969, la mitad de las Escuelas Normales Rurales dejando únicamente 17.

            La molestia del gobierno por las Escuelas Normales Rurales que según su opinión se habían convertido en “nidos de comunistas” se empezó a sentir desde 1960 cuando en la búsqueda de un nuevo tipo de Escuelas Normales y como consecuencia del recién lanzado Plan de Once Años, se establecen con carácter experimental los primeros dos Centros Regionales de Educación Normal (CREN) en la ciudad de Iguala, Gro., y Cd. Guzmán, Jal.; modalidad de escuelas externas de concentración donde la beca se entrega a los alumnos para que estos resuelvan sus necesidades de hospedaje y alimentación en casas de asistencia de la comunidad. Estas instituciones estuvieron destinadas desde su origen a sustituir a las Normales Rurales que habían de ser cerradas y así se hizo.                                                                                                                              

            A partir de 1970 se crearon en diferentes Estados de la República otros 12 CREN,   a los cuales se agregó en esta década un nuevo tipo de Instituciones formadoras de maestros, las Escuelas Normales Experimentales ideadas por el Profr. Victor Hugo Bolaños, que fueron sembradas en un número mayor de 12 en diferentes Estados, de tal suerte que las Escuelas Normales Rurales cerradas, fueron substituidas por más del doble de estas nuevas instituciones y por otras tantas escuelas normales particulares, El Boom de la educación básica registrado estadísticamente entre 1960 y 1970 rebasó la capacidad de las instituciones públicas oficiales para satisfacer la demanda de maestros provocando la masificación de las normales públicas y una rápida e incontrolada proliferación de escuelas normales particulares.

            En 1953 había un total de 64 Escuelas Normales de todos los tipos, para 1957 eran ya 72, para 1995 eran 325 de las cuales 215 eran públicas y 110 eran privadas lo cual representa un 60 % para las públicas y 40% para las privadas. En 1970 la matrícula total de todas las Escuelas Normales del País fue de 74, 982 alumnos, cifra que se triplicó en 1980 con 332, 505 alumnos que ha sido históricamente la matrícula más alta y también incontrolada de alumnos en las Escuelas Normales, de las cuales egresaron en los siguientes años tantos maestros, que tal vez muchos de ellos aún se encuentren sin empleo.

En los últimos 40 años las Escuelas Normales han tenido 7 reformas, la de 1969, con la cual se justificó el cierre de la mitad de las escuelas normales rurales, separó el ciclo profesional del ciclo de secundaria y agregó un año a la carrera de maestro, en 1973 se definió por decreto que la carrera de Normal es de nivel superior, y en 1975 se crean las licenciaturas de Educación Primaria y de Preescolar, que conducen a la fundación de la Universidad Pedagógica Nacional el 27 de agosto de 1978, a la cual quedan incorporadas estas carreras en 1979. Todos estos cambios tendientes a la profesionalización del magisterio y a la universalización de su carrera nos llevan a la reforma de 1984 que implantó el bachillerato como antecedente obligatorio de la carrera de maestro quedando ésta definida en el plan de estudios como una licenciatura.

            Este cuadro del nuevo Normalismo no quedaría completo sin mencionar el Programa de Carrera Magisterial que empezó a operar en 1992, destinado a mejorar los sueldos de los maestros para hacerlos acordes a sus nuevas categorías como licenciados. Esta fecha de 1992 significa también un parteaguas de la educación mexicana, porque en mayo de ese año la SEP federal entregó a los estados todos los servicios de educación básica y normal como culminación de un proceso de desconcentración y descentralización, iniciado desde el año de 1973, en noviembre del siguiente año se creó una subunidad de servicios descentralizados, inspirado en el concepto de un nuevo federalismo y también en el principio neoliberal de adelgazamiento del Estado.

            En el año 2003 la cifra de escuelas normales se elevó a 457 con una matrícula de 168,000 alumnos que representan en 28 años una reducción del 50 % con respecto a 1980, si consideramos que la matrícula total de educación básica fue en 1970 de 10, 750 545alumnos, la cual se duplicó para 1982 con 20, 497 197 y para el 2002 alcanzó la cifra de 24, 153 164 de lo cual puede deducirse que en los últimos 23 años la matrícula total ha permanecido mas o menos estable por lo cual la reducción de la matrícula en las Escuelas Normales no ha sido natural sino que se debe tal vez a las dificultades para conseguir empleo, o bien a un benéfico efecto de regulación y control que hayan establecido los Estados que estén planeando ahora de una mejor manera la educación.                                                                                                                                  

            De 1821 a la fecha nuestro país tiene ya casi tres siglos de Normalismo activo, por eso sorprende que después de haber firmado con el gobierno federal la llamada Alianza para la Calidad de la Educación, la presidenta nacional del SNTE, Elba Esther Gordillo Morales aprovechando su discurso durante la inauguración del presente ciclo escolar haya solicitado al Presidente de la República que “las instituciones que hasta hoy eran Normales sean instituciones para técnicos en turismo, técnicos en actividades productivas”

            Esta declaración revela no un gran vacío de historia ni un gran reflejo de ignorancia, sino apenas el vislumbre de una intención más perversa para deshacerse de grandes bloques del subsistema formador de maestros que a juicio del gobierno se encuentran obsoletos y dar paso así a la iniciativa privada ansiosa de tomar este campo de la educación normal como lucrativo negocio. El presente debate se abrió a partir de la aplicación del examen por oposición que la SEP realizó el 11 de agosto del año en curso en todo el país, en el cual se pusieron a concurso 15, 000 plazas de nueva creación y al cual acudieron más de 80, 000 maestros, que representan una acumulación de desempleo de varios años pues tan solo en el ciclo escolar anterior egresaron unos 30, 000 maestros. El hecho de que en el examen hayan resultado aprobados solamente 1,504 maestros tal vez fue la molestia que impulsó el ataque contra las normales. No fue considerado en el análisis que las plazas que se liberan anualmente por las llamadas incidencias de personal como fallecimientos, jubilaciones, pensiones y renuncias representan una cifra que va de 30, 000 a 45, 000 plazas anuales que tradicionalmente han sido manejadas por el sindicato.

            En tal virtud se presentan a continuación a manera de antecedente, las conclusiones y consideraciones contenidas en los siguientes puntos:

1.- A nivel nacional el 60 % de las Escuelas Normales son públicas entre federales y estatales, la mayor parte son urbanas y un bajo porcentaje son rurales. El otro 40 % de las Escuelas Normales son privadas y urbanas.

2.- Todas las Normales Centenarias y Beneméritas así como los CREN son urbanas.

3.- Las Escuelas Normales Rurales y algunas experimentales son rurales.

4.- Según el INEGI en los datos del 2005, en forma general, la población del país se concentra 76 % en las ciudades y 24 % en el medio rural, pero esta cifra varía de un estado a otro.

5.- Existe un visible desequilibrio en la producción de maestros debido a que algunos Estados tienen demasiadas Escuelas Normales y otros tienen muy pocas.

6.- Algunas Normales privadas producen mejores maestros que las públicas.

7.- Ninguna reforma ha contemplado la adecuación de la infraestructura de las normales a los nuevos tiempos ni el presupuesto necesario para desarrollar las actividades de extensión e investigación que son comunes en las escuelas superiores universitarias que expiden títulos de licenciatura.

8.- La Federación no debe eludir su responsabilidad para mantener la unidad y uniformidad del Sistema Educativo Nacional y del Subsistema formador de maestros.

9.- Cada Estado debe planear sus necesidades de maestros en el medio rural y urbano para controlar y regular el ingreso y egreso de maestros de las Escuelas Normales conforme a las necesidades de la demanda.

10.-Urge diseñar un nuevo Normalismo que contemple las necesidades tanto académicas como políticas y sociales de este momento encaminada en general al concepto de la educación para la democracia. En este proyecto debemos participar todos los interesados en un tema tan importante que atañe a toda la sociedad.

                                                       PRONUNCIAMIENTO

            La Asamblea Estatal de la Asociación Civil de maestros egresados de Salaices, efectuada en la ex escuela normal de Salaices, Chih., durante el día 4 de octubre del 2008, se pronuncia por la defensa del Normalismo mexicano como una necesidad inherente a la sociedad de nuestro tiempo y como una responsabilidad cuya protección corresponde al Estado derivada de su facultad y obligación para educar al pueblo de México.

            En tal virtud rechaza la declaración hecha el día 19 de agosto del 2008 por la presidenta nacional del SNTE, Elba Esther Gordillo Morales en la cual pide al Presidente de la República cerrar las Escuelas Normales para convertirlas en Instituciones para la formación de técnicos en actividades productivas.

            En consecuencia hace un llamado a las autoridades de Educación Normal y Mejoramiento Profesional del Magisterio del orden federal y de los Estados para atender y resolver la problemática actual que viven las Escuelas Normales y poner atención en:                                                                  

            Las tareas pendientes de reorganización, control, regulación y planeación del subsistema de formación y actualización de maestros a fin de que este responda a las necesidades de la demanda de corto, mediano y largo plazo y deje de producir profesionistas condenados al desempleo.

            Y por último hace un llamado a todos los maestros del país para estar pendientes a rechazar cualquier intento de cierre masivo de Escuelas Normales, que constituiría una nueva escalada en la privatización de la Educación Pública en México. Asi mismo la asamblea hace un llamamiento a los padres de familia, los intelectuales, los jóvenes hombres y mujeres que estudian para ejercer el magisterio para que luchemos por impedir la cancelación de las escuelas normales y por la construcción de una alternativa educativa que surja verdaderamente de las bases magisteriales y de las necesidades sociales.

   Este llamamiento incluye particularmente a los comités ejecutivos de las secciones sindicales y a los maestros y maestras agrupados en las más diversas asociaciones.

 

4ta Asamblea Estatal de la Asociación Civil Salaices.

Salaices, Chih. 4 de octubre del 2008

Por el comité directivo de la A.C.

Pdte.                                                                               Secretario

Jose Ángel Aguirre Romero                     Francisco J. Gallardo Espejo

Tesorero

Ramón Salazar Acosta

Por la comisión elaboradora del documento

Vicente Rodríguez Quiroz                                           José Luis Aguayo Álvarez

 

 

LOS CUENTOS DE NAVIDAD

José Luis Aguayo Álvarez

            El tiempo navideño convoca a las más diversas expresiones y pone de relieve también las grandes contradicciones que existen entre nosotros. Junto con la música se expresa el arte de escribir muy particularmente en estas fechas. Por ello, en esta colaboración, incluyo dos breves trabajos literarios. El primero es un cuento que resultó premiado en el concurso convocado por el Heraldo de Chihuahua. El evento, que provino de la iniciativa del Director del Heraldo de Chihuahua, C. Dr. Javier Horacio Orozco C. fue patrocinado por diferentes empresas y lo coordinó un equipo de entusiastas publicistas de la casa editora: Rosario de la Rosa, Carmen Franco, Lucy Mendoza y Rita Parra. En el diseño de todo el evento participaron Anabel Ortiz y Anabel Acosta. El concurso se desarrolló, conforme a la convocatoria, en tres categorías: la A, de 8 a 15 años; la B, de 16 a 30 años y la C, de 30 en adelante. Es alentador saber que se presentaron 208 trabajos concentrándose la mayoría en la primera categoría, en segundo lugar las personas adultas y los jóvenes fueron quienes menos escribieron.

            La temática que abordaron es un reflejo de los tiempos que nos ha tocado vivir: la pobreza entre la raza tarahumara, las angustias de la población, los dramas familiares. Se reproducen también los temas de las películas famosas. El elemento mágico del regalo que viene a compensar el momento difícil aparece con frecuencia en los textos, así como las soluciones sorprendentes a la problemática que afrontan los personajes.

            Nos permitimos reproducir íntegro uno de los cuentos premiados en la categoría C, corresponde a la imaginación del profesor Luis Rubio Nájera que obtuvo el segundo lugar de su categoría en el citado concurso, tiene por título:

 

UN ROBO EN NAVIDAD

            Romualdo se levantó temprano esa mañana. Era diciembre, casi navidad. Como de costumbre, estiró los brazos para terminar de despertar. Antes de ducharse, revisó los bolsillos de su chaqueta; confirmó que no había sido un sueño: ahí estaba su aguinaldo. Tomó entre sus manos el papel y recordó los pocos anuncios en la radio conminándolo a cuidarlo. También tuvo presentes la andanada de comerciales plagados de ofertas navideñas que lo incitaban a comprar el mundo entero.

            Antes de salir de casa, se miró por enésima vez ante el espejo. “Hoy no eres el mismo Romualdo, hoy eres un hombre sumado a su aguinaldo y esto pasa solo una vez al año”, se dijo engreído. Salió. Antes de abordar su Chevrolet 78 regresó a la entrada de su vivienda para cerciorarse de haber cerrado correctamente la puerta principal. Así era cada mañana.

            En el Banco se unió a una larga fila. Intentó iniciar una conversación con sus vecinos de línea pero fue inútil. Confirmó que las hileras de los Bancos no eran para platicar entre sus miembros. Encontró una explicación: no era una fila de iguales, porque muy diferente es quien sólo acude a pagar el teléfono al que va a depositar un millón de pesos. Tan desigual como la sociedad entera.

            Romualdo salió del Banco y se dirigió a un centro comercial. Le fue difícil hallar un lugar libre para su auto en el estacionamiento, como si toda la gente quisiera estar allí ese día. “Algo deben de estar regalando en este sitio”, se dijo. Descendió del auto rojo y confirmó que nadie lo miraba con codicia. Dentro del enorme edificio resultaba difícil caminar entre tanta gente. ¡Era la locura decembrina!

            Horas después Romualdo salió cansado y cargado de regalos. Su auto lo esperaba como fiel escudero. “Quién se puede fijar en ti, mi viejo amigo”, le dijo mientras abría la cajuela para depositar los artículos comprados. Después visitó otras tiendas. El auto se fue abarrotando de cosas en su interior.

            El rostro de Romualdo lucía pletórico de satisfacción con el poder de compra manifiesto. “Tanto gastas, tanto vales, pensó. Pero su billetera lucía triste: unos cuantos billetes acompañaban las fotos de sus seres queridos. “Con el poco dinero que me queda, al menos compraré algo para mí”, pensó mientras se encaminaba a otro departamento comercial. Al poco rato salió feliz con una bufanda roja envuelta en un papel de regalo.

            Cuando llegó a donde había dejado estacionado su Chevrolet, se inquietó al no verlo. Sintió que se le erizaban los vellos de la piel. Quiso calmarse: “no pienses lo peor, debes haberte confundido. Tranquilo, tu auto debe estar en otro lado. Trata de recordar...”Luego echó a correr como loco por todo el estacionamiento, buscando su chevrolet rojo. Fue inútil. El auto había desaparecido del lugar. Los ladrones esta vez, por su carga navideña, habían valorado al viejo auto. Romualdo respiró profundo y fue a sentarse en la banqueta. El mundo para él, ya era otro.

            Regresó a casa en auto de alquiler. Esa noche soñó que le robaban todas sus pertenencias, la casa completa... incluso la ropa. Se miró desnudo en medio de la noche, bajo la luz de la luna, con su cuerpo cubierto de reflejos de luces de un árbol de navidad. Pero también soñó que Santa Claus le traía un auto último modelo, el cual rechazó: nadie podría sustituir al chevrolet 78.

            Al día siguiente fue a las oficinas del diario de la localidad. Pagó por publicar un anuncio: “Se extravió un auto chevrolet 78, rojo. Favor de regresarlo a su dueño. Pueden quedarse con los regalos.” Le agregó su dirección y teléfono. Al día siguiente, para su gran asombro, el auto apareció estacionado enfrente de su casa. ¡No lo podía creer! Lo revisó alborozado, estaba completito. Romualdo no supo cuánto tiempo permaneció llorando de felicidad abrazado al volante del auto. Sobre el tablero de controles estaba colocado un pedazo de papel, con un parco letrero: “¡Feliz navidad! Tus regalos nos hicieron felices.”

 

MILAGROS

            Este es el segundo cuento de los dos ofrecidos para esta colaboración, proviene de la información oral proporcionada por la enfermera del Seguro Social, Martha Preciado en Ensenada, B. C.

            En el Seguro Social de Tijuana, Baja California, esperaban las primeras horas del año nuevo para premiar a la madre que diera a luz durante los primeros momentos del año. Lo mismo sucedía en todos los hospitales de la ciudad y del país. Particularmente al nacer el año 2000 anunciando un nuevo siglo para la humanidad. Los seres nacidos en los primeros momentos de ese año tendrían la característica especial de venir al mundo en un instante tan particular.

            La enfermera Marta Preciado, del hospital mencionado, se preparó especialmente para recibir a la nueva criatura, pues a ella le tocaba la guardia esa noche. Días antes, en medio de un remolino de actividades y de carreras, reunió regalos de los más distintos entre sus compañeras para recibir al recién nacido y premiar a la madre afortunada. Se preveía que los medios de comunicación estarían presentes en el hospital, aquello aumentaba más la preocupación de las enfermeras y los doctores, pues cada año sucedía aproximadamente lo mismo; siempre nacía una nueva criatura al inicio del año y muchas veces fue la primera de toda la ciudad, por lo que los veteranos del hospital tenían ya experiencia en el manejo de la situación.

            A partir de las doce de la noche en que bajó la temperatura y aumentó el nerviosismo, se inició una especie de competencia entre las cinco jóvenes mujeres que podían dar a luz esa noche. Las enfermeras se colocaron de punto frente a ellas esperando la más mínima reacción que anunciara el suceso tan esperado.

            Una de las mujeres se quedó dormida como si no tuviera tan importante tarea, otra de ellas quiso bañarse y después de ello vio la televisión sin mayor preocupación. Las otras tres presentaron fuertes dolores, alarmando a las enfermeras. Una de ellas estuvo a punto de dar a la luz, pero las contracciones se detuvieron. Todo lo que hicieron las enfermeras fue vigilar constantemente los abultados vientres para prever alguna tragedia en el interior de las mujeres.

            Pasada la una de la mañana las enfermeras y los doctores hicieron apuestas asegurando que tal o cual paciente “se aliviaría” primero entre bromas y chistes y después de felicitarse por el año que iniciaba, arriesgaban en sus apuestas una cena, algún dinero, ropa y otras cosas propias de aquel ambiente de camaradas en que vivían.

            A las tres de la mañana, al borde de la fatiga, recibieron la noticia de que aún no nacía ningún niño en toda la bahía; eso los alentó; aún eran competitivos en aquel certamen de la vida en el que la naturaleza de las mujeres tenía la última palabra.

            Marta Preciado se retiró a las ocho de la mañana, habiendo trabajado más tiempo del normal, desalentada por el fracaso pues no se produjo nacimiento alguno ni se tuvo noticias de que hubiese ocurrido en otro lugar de la ciudad. Muy fatigada llegó a su casa en donde la familia dormía reposando la fiesta de esa noche de fin de año. Ella también se dispuso a descansar tras revisar que toda su familia estuviera completa.

            Tal vez a las tres de la tarde le llamaron por teléfono del hospital para solicitarle que regresara de inmediato, pues habían llegado con una criatura que requería atenciones y cuidados especiales. Su marido la llevó en el auto de urgencia; fue durante el viaje cuando recordó todo lo que había pasado la noche anterior y las preocupaciones que le ocuparon todo el turno de trabajo.

            Dos policías habían encontrado en las playas frías de la bahía el cuerpo de una niña; la llevaron al hospital; al revisarla, los médicos consideraron que había nacido durante los primeros momentos del año. Quien lo había tirado en esas arenas desoladas ni siquiera le anudó el cordón umbilical, el cual se cerró al congelarse.

            Cuando le ponían la típica pulsera de cinta con una clave, Marta Preciado sugirió que se le inscribiera la palabra “Milagros” pues era la única razón posible de que la criatura permaneciera con vida: había estado más de doce horas tirada en la playa en una noche muy fría. Al amanecer las gaviotas se habían posado sobre ella, pues en la humilde manta que la cubría había rastros del excremento de las aves, quienes además, habían impedido que los insectos afectaran a la niña; solamente de milagro no le picaron los ojos, aun cuando presentaba moretones en otras partes del cuerpo. Tan sólo por el hecho de haberla encontrado momentos antes de que subiera la marea, fue todo un milagro; hacerla llegar con vida al hospital el milagro se multiplicaba.

            Esa mañana todos los medios de comunicación de uno y otro lado de la frontera con Estados Unidos estuvieron llamando a la madre para que acudiera al hospital, así en Tijuana, Rosarito, Tecate, Mexicali y área completa de la península en las tres Californias supieron de aquel milagro que pronto se convirtió en tema de todas la bocas; desde el púlpíto hasta el café el caso de milagros ocupó la atención de todos.

            Mientras eso acontecía en las alborotadas calles, los médicos del hospital luchaban incansablemente por salvar la vida de Milagros; Martha y sus compañeras oraban porque el otro milagro; el de la vida, se produjera. Ya comentaban quién podría adoptarla en la ausencia de la madre, esperaban que de aquella tragedia brotara una oportunidad para que la criatura se salvara y tuviera una vida plena.

            Nada se pudo hacer, Milagros murió a las doce de la noche del día primero. Así lo consigna una pequeña inscripción en la tumba del Panteón Municipal donde fue sepultada; tiene por nombre “Milagros” y algunas enfermeras continúan llevándole flores año con año.

            Esta criatura vino al mundo solamente para señalar la relevancia que merecen las dos grandes contradicciones que prevalecen entre nosotros; la deshumanización y su contrario.

            No es fácil concebir cómo una madre pudo dejar a la niña recién nacida en tal desamparo, expuesta a los rigores del clima y a la multitud de peligros que tiene la noche. Podemos imaginarnos que por un instante pensó arrojarla al mar pero que alguna luz en lo profundo del sentimiento de la especie humana se lo impidió.

            Es notable también el humanismo con el que actuaron los policías, doctores y enfermeras. La comunidad de toda la región se inquietó, se preocupó, oró por ella y desearon con fervor, que la niña se salvara; hubo quienes maldijeron a la madre desnaturalizada.

            Todos los factores se reunieron esa noche mientras la niña luchaba por subsistir; pasó la noche oscura, apareció la madrugada remota con su viento frío, la alborada lejana pintó al cielo como flor de calabaza, apareció el sol bajando aún más la temperatura. El mar permaneció quieto toda la noche, solamente al amanecer dejó sentir el típico rumor de su movimiento eterno, el organismo de la niña aún permanecía vivo.

            Cuando llegaron las gaviotas, quitándole los insectos, dándole calor con sus plumas, posándose sobre ella y creando tal alboroto que llamó la atención de los policías quienes circunstancialmente pasaban por ahí, llevaron a la criatura al hospital donde se libró la batalla desigual contra la muerte, lucha que fue perdida y cuyos detalles no se consignan en este relato. Solamente podemos concluir en que este milagroso suceso fue un llamamiento hacia la sensibilidad humana, una advertencia también para la insensibilidad, el estado bestial que puede impulsar a una madre a dejar de esa manera abandonada su criatura.

 

EL VIEJO MAESTRO

José Luis Aguayo Álvarez

 

En esta madrugada brumosa se me ha ocurrido dejar de lado la carretera para entrar al pueblo. Durante varias horas, mientras manejaba, vine repasando mentalmente aquellos lejanos episodios de mi vida cuando trabajé aquí, en esta comunidad que entonces era lejana de todo, y en esa escuela primaria de siete salones cuyos perfiles apenas aprecié al fondo de la calle. La potente fuerza de la nostalgia me hizo cumplir un propósito largamente pospuesto; realizar una visita. Ahora la realizo rápidamente para salir antes de que el pueblo despierte.

 Cuando llegué a estos lugares venía de las barrancas humeantes donde el perico es el rey de la baraja; tepehuanes habían sido mis alumnos en aquel clima tropical. También había trabajado en las planicies frías de la Babícora legendaria y soportado las neviscas torrenciales en aquellos llanos de desolación. Al tercer año de trabajo, por un movimiento del azar, tuve la fortuna de llegar a estas llanuras infinitas y conocer al viejo maestro.

 Veo su fantasma rodeado de niños y niñas; nosotros, jóvenes maestros y maestras, lo acompañamos en la tarea de reforestar pues éste era su placer favorito. Tiene su cara colorada por el esfuerzo del trabajo, en los ojos trae el brillo de la alegría de quien cumple con tareas que le parecen importantes.

 El lugar donde me estacioné es la entrada por la calle principal que alguna vez medí con una cinta métrica, auxiliado por mis alumnos, cuya longitud no recuerdo. Me parece que, pese a la obscuridad, vi restos de aquellos fresnos frondosos que eran el orgullo del pueblo, su símbolo distintivo y motivo de presunción frente a los visitantes. El viejo maestro los había plantado en épocas remotas y los cuidó siempre con dedicación paternal.

 En todo el pueblo había un olor muy especial que no he percibido en ningún lugar; recuerdo esa sensación que ya podía identificar, aquel aroma dulce que aparece ahora cuando ya lo creía olvidado para siempre.

 Al aproximarme al otro extremo de la calle -la avenida, le decían- recuerdo el camino que conducía a la parcela escolar; en fila vamos con los azadones al hombro; hombres y mujeres haremos unas jornadas de limpia en el frijolar. Él marcha adelante radiante de alegría pues todo el personal de la escuela lo acompañaba a trabajar aquel sábado memorable.

 Al llegar a esta esquina los recuerdos se amotinan: ésta era la casa que la comunidad había destinado para el personal de la escuela y que solamente el viejo maestro y yo compartíamos ya que mis compañeros y compañeras de trabajo se hospedaban en distintos hogares de la comunidad.

 Supe después que nadie se atrevía a vivir con él para no padecer los rigores de su disciplina militar. Y porque lo rodeaba una cierta leyenda que no era agradable para todos. Tal vez ya nadie sabía que en la convivencia cotidiana era sencillo y afable, no vivía esclavizado a sus normas como se suponía, su cultura y experiencia le permitían afrontar los asuntos más triviales con profundidad filosófica.

 Su personalidad estaba en choque con la cultura de la comunidad; no aceptaba los fanatismos, los dogmas, la política oficial y varios aspectos del diario transcurrir, los cuales criticaba públicamente. Evidentemente había sido un hombre muy fuerte, enérgico y profundamente convencido de sus ideas. Cuando lo conocí mejor, aprendí a percibir, en ocasiones muy especiales, un cierto olor en su rostro, un destello en su mirada, un acomodo especial del cuerpo y una forma de hacer los ademanes precisos como todo hombre adulto que sabe su doctrina.

 La puerta de la casa está caída y la ventana ya no existe, las paredes han perdido la blancura de otros tiempos; todo es abandono en aquel lugar de mis recuerdos. No entraré por la puerta, no me asomaré curioso por la oquedad del ventanal, no rodearé para ver la puerta de atrás de la finca porque ahí estará el caballo relinchón que le decíamos el relojito pues, puntualmente, a las siete de la mañana, nos despertaba con su escándalo de animal. Le dábamos un poco de maíz y lo dejábamos libre, se iba por la ciénaga cercana y por la tarde, al escuchar la campana de la escuela, regresaba para que le diéramos sal.

 No me asomé a la casa para no alborotar las nostalgias, para no despertar al viejo maestro que estaría dormido sobre su humilde camastro de tijera. Me sentirá si entro a la sala donde tiene su escritorio y su librero. Al aproximarme a la chimenea, donde estaba la foto de la familia, él despertaría.

 Siento una necesidad inmensa de hurgar entre los libros, terminar aquella obra de Salgari que dejé inconclusa, su querida colección de Julio Verne… Encontrarme con mis libros que aquí se quedaron en la prisa del último minuto, hace treinta años. En especial, la primera edición de la “Crónica de un País Bárbaro”, pues desde que se lo presté se enamoró de él; lo supe porque lo leía y lo releía en la fiebre de sus insomnios. Cuando partí para siempre, dejé aquel libro con pastas de piel, como olvidado pues ya había tomado la dolorosa determinación de regalárselo.

 Si esperara hasta las siete oiría el relincho del caballo y las palabras de respuesta del viejo maestro, quien lo regañaba cual si fuera su alumno consentido; después saldría al corral, le daría agua y alimento; todo acompañado de frases cariñosas, silbidos y fragmentos de canción.

 Regresaba a la cocina para despertarme con el ruido de los trastes. Me gustaba verlo cocinando; tomaba la sartén con sus guantes de carnaza y preparaba un café aromático que terminaba por despertarme, jalándome por la nariz.

 Ahí enfrente, a veinte pasos, está la escuela. Si espero un poco más el fantasma del maestro saldrá de la casa a revisar los árboles de moras que ya no existen, ahí dialogará con los pájaros como si fueran niños inquietos, rodeará su escuela y se esfumará en el lugar donde estaba la dirección en aquellos tiempos cuya distancia suma una vida entera.

 Al aproximarme vi, en ese amanecer marrón, que aún quedan dos o quizá tres salones de los viejos; en uno de ellos nos reuníamos todos los integrantes del personal, éramos siete con grupo, más el director. En ocasiones frecuentes se reunían los comités y clubes que había en la comunidad y que tenían por centro la escuela; acudían muchas personas para tratar los más diversos asuntos con maestros, maestras y, por supuesto, con el director.

 Todavía salen las voces, como el eco, de aquel septiembre lejano cuando estábamos organizando el inicio de clases y el programa de las fiestas patrias. Todo se hacía de manera muy natural, mecánicamente, dada la experiencia de nuestro director y del personal. Se sentía la importancia de los preparativos para arrancar el año, había mucho entusiasmo y una gran disposición para iniciar el trabajo.

 -Seguiremos con los mismos horarios; de nueve a una y de tres a seis de la tarde- decía el director –; cada quien tiene ya su grupo, ahora repartiremos los comités del pueblo. Luego pasaremos al programa general y a las actividades por cada salón.

 Los maestros y maestras más expertos tomaban sus responsabilidades rápidamente. Yo, que era el único nuevo, no le encontraba la punta a aquel enredo de programas literarios, desfiles, carros alegóricos, proyecciones a la comunidad, parcela escolar, concursos académicos… Fiestas cívicas y sociales, sin olvidar conmemorar el Día del Árbol, el del Soldado… y tanto tema de que hablaban aquellos hombres y mujeres mientras bordaban el plan para el año escolar con meticulosidad de arañas. Quedaba, al final, un programa para verdaderos titanes. Hoy que sacudo mi memoria, renuevo mi asombro por no explicarme de donde sacábamos el tiempo y las energías para tantas y tantas tareas.

II

La oscuridad de la mañana fría no permitió ver el perfil de la sierra lejana que hace marco al paisaje colorido del pueblo; en sus faldas había manantiales; la naturaleza, tan sabia y asombrosa, los daba de agua fría y de agua caliente, los unos se utilizaban para el riego y el consumo en el pueblo y los otros servían para bañarnos y calmar el dolor de reumas.

 Acostumbraba, en los días libres, subir hasta aquellos montes; era todo un placer viajar en el relojito, el caballo alazán que habíamos comprado en sociedad el maestro y yo. El animal era noble; servía para la montura y para el tiro. Siempre llevo conmigo el pespuntar de sus herraduras sobre las lajas de la montaña; de toda la felicidad que la vida me ha dado, conservo aquélla, la más elemental y sencilla: cabalgar llevando el aire fresco sobre la cara.

 En aquellas lejanas excursiones revisábamos el canal del agua, traíamos leña, nos bañábamos, intentábamos cazar alguna presa, pasábamos la noche en torno de una fogata. El maestro me explicaba, con razones de marinero, el movimiento de las estrellas y el cálculo de las horas nocturnas. Sabía leer en la enorme sabana del cielo; mencionaba las constelaciones por sus nombres, como si platicara de las plantas y las flores.

 Al lado de la sierra se abre una amplia llanura con sus siembras de temporal; esas tierras siempre estaban ocupadas con maíz o avena forrajera; también se cultivaba la cebada y otras plantas menores. Después de cada cosecha traían los ganados para que aprovecharan los esquilmos. En los meses de la reproducción, las familias campesinas se radicaban en los ranchos de la llanura o de la sierra para cuidar los nuevos animales, ordeñar las vacas y fabricar quesos.

 El maestro admiraba mucho la enorme pradera, observaba los cambios de sus colores, la medida de sus barbechos, los hombres trabajando incansablemente, los animales pastando y todo aquel mundo de trabajo y producción.

 En aquella economía sencilla, donde se respiraba un estado de armonía entre las personas y la naturaleza, nos veíamos inmersos los maestros. En los meses en que había dinero aprovechábamos para realizar actividades que dejaran recursos a la escuela. Inevitablemente aquella época del año marcaba el ritmo de todas las actividades de la comunidad: la educación, las festividades religiosas, los grandes bailes, las peticiones de mano y las bodas… todo parecía depender de las lluvias, las cosechas, la fertilidad del suelo, el crecimiento de los pastos y la preñez de las vacas.

 Sueño con regresar a esos lugares, lamento mucho que el ajetreo de la vida me lo haya impedido o que yo mismo no me haya hecho todo el propósito… En algún lugar escuché que los manantiales se están agotando y que al pueblo llega ya muy poca agua, causa por la cual los fresnos se secaron. Si esto fuera cierto no quisiera ir a la sierra y encontrar el lugar sin agua, la tierra estaría blanquecina, como calcinada cual feo manchón en medio del bosque.

III

Lo relevante de aquella experiencia, que recuerdo al filo de esa alborada de octubre, es que recibí grandes lecciones para toda la vida y pude ver la práctica de una sencilla pero muy eficaz pedagogía. Una labor académica con buenos resultados, aquella forma de trabajo que no volví a ver, en la que se mezclaba todo el universo de los niños y niñas, se les enseñaba a ver su mundo y comprenderlo, desarrollaban su sentido artístico y, sobre todo, asimilaban abundantes conocimientos y participaban en múltiples actividades. Era una escuela para la vida y para el trabajo.

 En nuestro oficio no todo está en la preparación académica, es el ambiente de la escuela, la organización, el equipo, lo que educa y principalmente es el amor, el cariño al trabajo y a los niños…Teniendo eso, ¡Ya está!, decía el viejo mentor frente a un grupo de maestros y maestras cada día más incrédulos, como se comprobó después cuando se desmanteló toda su obra y se olvidó su método.

 Le gustaba saber cómo enseñábamos, revisaba con mucha atención nuestro plan de clase, lo comentaba con cada maestro y cuidaba de su aplicación. Impartía su ¨clase modelo¨ ante cualquier grupo. Hablaba mucho de la obligación que teníamos los maestros de cultivarnos, pretendía que conociéramos a fondo las ciencias de la educación e intentó poner en marcha una biblioteca circulante para que siempre estuviéramos leyendo un libro importante como en otros tiempos lo hacían todos los de aquel personal.

 Puedo verlo tan sólo con cerrar los ojos, Salía los lunes a las nueve de la mañana en punto, traía puesto el viejo saco de casimir, sacaba la bandera nacional, la llevaba hasta la puerta de la escuela donde la escolta de niñas la recibía bajo la llovizna de los tres tambores y las clarinadas de las tres cornetas de nuestra modesta banda de guerra. Así iniciaba el homenaje a la enseña patria y daba principio el trabajo de la escuela. Transcurrida la ceremonia él regresaba con la bandera y la metía en la antigua petaquilla.

 Ahora concluyo en que toda su forma de dirigir la escuela, su metodología efectiva y el ambiente de orden, limpieza y disciplina que imponía, producían resultados magníficos para los alumnos y la comunidad, pero en el personal de la escuela infectado ya por nuevas ideas, no era bien aceptado ni el mensaje ni la práctica como se demostraría al siguiente año escolar de todos mis recuerdos.

 Es necesario dejar una huella pintada donde quiera que estemos trabajando, decía. Nosotros tenemos esa oportunidad como muy pocos trabajadores la tienen, agregaba en sus discursos de los que recuerdo muy breves retazos; su lección se ha perdido en los avatares del tiempo.

 Los niños y las niñas tienen capacidad ilimitada para aprender – nos explicaba en las reuniones- deben de localizar en el mapa todos los países del mundo, las capitales, las principales ciudades, los ríos y las cadenas montañosas… obtener el volumen de cualquier cuerpo, las medidas de cualquier superficie y cada uno tiene facultades para desarrollar una o mas artes… Tenemos la tarea de elevar a la máxima potencia todas esas facultades de nuestros chiquillos.

 Cuando nos impartía su lección, se quedaba pensativo y se metía los dedos en el cabello; en ese breve instante, estoy seguro, recordaba su antiguo personal, los de su época… aquellos héroes del trabajo que sin embargo se fueron un día como las hojas de otoño que pronto se alejan del árbol que les dio vida.

 Recordaba, con una combinación de alegría y tristeza, quiénes fueron de la misma generación. Aquéllos que lo apoyaron en la organización y establecimiento de la escuela como un factor importante en el pueblo, mismos que compartieron sus inquietudes, hace mucho tiempo se habían retirado del lugar, algunos por jubilación, otros por cambio de sistema y otros más por las múltiples alteraciones que trae la vida. Aprendí a conocerlos por sus nombres y sus acciones, pues el maestro vivía de recuerdos y me los relataba reiteradamente como si fuera la primera vez.

IV

Frente a la escuela corre una larga calle que es la segunda en importancia en el pueblo y es paralela a la famosa avenida de los fresnos, de la cual solo la separa la calle, o dos bloques de casas pues la tierra urbana fue distribuida de tal suerte que en cada manzana hay dos derechos con solar para casa y espacio para corral. En todos hay la típica noria, algunos tienen nogaleras, otros nopaleras y en varios terrenos están fincadas nuevas casas de los hijos que se van casando.

 La escuela tenía relación con la urbanización y embellecimiento de la comunidad pues frecuentemente había campañas de limpieza en todo el pueblo. Funcionaba un comité de maestras y señoras para ese fin, también había jornadas para pintar la casa, todas iguales; las recuerdo blancas con una lista gris en los bordes y esquinas. La campaña abarcaba hasta la instalación de letrinas en cada casa, baños de regadera y otros anexos.

 Cerca de nuestra casa había un saúco, que es un árbol de tronco retorcido, madera delicada y amplia copa cubierta de flores blancas. Este árbol es el causante del olor que inunda a todo el pueblo y que llevo anidado en mis recuerdos. Decían que su olor producía sueño y tranquilizaba los nervios. Bajo el árbol colocaron una banca donde nos sentábamos el viejo y yo; allí conocí retazos de su accidentada biografía.

 Él se sentaba por las noches en aquella banca escuchando los cantos y gritos con que los jóvenes marcaban su territorio en la obscuridad; sabía quién venia bajando al pueblo después de visitar una probable novia; se daba cuenta si veníamos “tomados” cuando dábamos la vuelta a la iglesia, acompañados del acordeón y la guitarra. Yo tenía la impresión de que me vigilaba como un padre a su hijo, así lo demostraba con los consejos cuidadosos que me daba después.

V

Su historia personal y la leyenda de su labor educativa desarrollada durante veinticinco años en aquella comunidad, la conocí en episodios; por las charlas en aquellas noches plenilunares bajo el saúco. Los comentarios y murmullos del pueblo, las pláticas de las maestras con mayor antigüedad en el trabajo y todavía conocí una señora de rosario y librito que guardaba un rencor infinito para mi admirado profesor.

 Cuando llegó a estos lugares, se entregó totalmente a la noble tarea de transformar la comunidad; siempre andaba en campañas: pintando las casas, construyendo anexos escolares, organizando a los jóvenes a través de los deportes. Organizó la cooperativa de consumo; traía mercancías desde la frontera y las vendía a precios mejores que el comercio particular. Montaron un comedor para el desayuno de los niños, algunos de ellos se quedaban todo el día en la escuela.

 Pronto chocaron diferentes intereses en el pueblo. Trataron de sacarlo; el mismo sacerdote, que venía una vez por semana, solicitó su salida. Fue acusado de agitador, de antisocial y de todo lo que en esos casos se estila.

 -Dicen que hasta querían matar a los maestros - nos comentaba una de las profesoras.

 -Todo el pueblo estaba dividido, venía gente de afuera, algunos apoyaban a los maestros y otros estaban en contra; era un ambiente muy feo – decían los vecinos

 -El director de la escuela tuvo la culpa de todo- decían las beatas en la iglesia –, él quería traer el socialismo, que los niños fueran de todos. Que cualquier persona pudiera corregir a cualquier niño, quería decidir hasta los matrimonios, quién le convenía a quien y todo eso.-

 -En realidad quería tener su propio negocio con la cooperativa- decían en el billar.

 Todavía, a más de veinte años de aquellos acontecimientos, se escuchaban las versiones más distintas y las opiniones continuaban divididas. El pueblo quería olvidar el tema como asunto de vergüenza; pero cuando inevitablemente salía del pasado obscuro, provocaba discusiones, no pocas veces con calor y pasión.

 -Yo no creo tantas cosas que se decían, él fue mi maestro, lo conocí muy bien, no puede ser que quisiera formar una cocina comunal para que todas las mujeres cocinaran para todos los hombres y que los niños fueran hijos de todos. Que repartiría el sol que entraba a las casas para que todos recibiéramos la misma cantidad de calor y que entregaría una cantidad medida de litros de agua para cada persona. Que nadie podía andar por las calles a la hora de trabajo…y tantas otras locuras y tonterías que se le atribuían, decía la señora que cocinaba para nosotros al medio día.

 -Fueron tiempos muy difíciles; algunas personas no comprendían las tareas de los maestros y maestras, no solamente no colaboraban sino que obstaculizaban nuestro trabajo, -solía resaltar el maestro-, en el mismo personal germinó la mala yerba – resaltaba las vicisitudes de ese tiempo oteando el horizonte y entrecerrando los ojos-:

 Fue muy duro, pasamos por miles de dificultades.

 Tiraban animales muertos frente a la escuela

 Apedreaban mi casa.

 La comunidad estaba dividida… pero la mayoría nos apoyaba…

 Aquellos acontecimientos se habían producido muchos años antes de que llegáramos nosotros; las nuevas generaciones de maestros, por lo tanto, no teníamos una comprensión plena de su significado ni del fondo real que existía de pequeños problemas que conmocionaron a la pequeña comunidad. No logramos comprender el pasado que se estaba quebrando entre nosotros y que éramos actores del fin de una era en el sistema educativo.

VI

Desde otro lugar aparecen apenas los perfiles de la plaza; en el amanecer inevitable los recuerdos se vivificaron: el maestro está apoyado en la pala que le ha servido para encauzar el agua en los jardines y los árboles. En la esquina hay una banca donde acostumbraba sentarse a platicar con los vecinos y conmigo:

 -Nací en el estado de Veracruz -decía con un suspiro-, egresé de la muchas veces heroica Normal del Estado. Rondando por la vida vine a dar aquí incorporado a las Misiones Culturales; muy joven trabajé en distintas partes de la entidad, pero ¡¡ya dediqué a este pueblo más de la mitad de mi vida!!

 Era uno de los pocos maestros normalistas que había entonces; la mayoría eran improvisados sobre la marcha: carpinteros, zapateros, mecánicos o cualquier otro iban a parar frente al grupo. Las muchachas de los pueblos con sólo saber lo indispensable se convertían en maestras y eran buenas frente al grupo, explicaba quitándose el sudor de la cara.

 Ahora que se han presentado estos recuerdos, después de décadas de estar en los abismos de la memoria, me brota la imagen precisa de aquel instante en que, aquí en esta plaza, mirando al horizonte como lo hacía cuando algo serio ocupaba su atención. Me dijo: “He cometido un grave error: permanecí demasiado tiempo en este lugar; el maestro debe de cumplir ciertas metas y retirarse a otra escuela, hice todo lo contario y resultaron consecuencias…” Aquella expresión, largamente meditada, le salió del alma, lo dijo como hablándole al viento, sin mayor explicación. Entendí que ya de viejo hacía un balance muy crítico de su actuar. En otros momentos defendía con ardor sus opiniones de siempre y fustigaba con furia a los que lo criticaron en el pasado.

 Todos aquellos episodios y aquella vida conformaban una leyenda contradictoria en torno a un viejo sabio a quien los tiempos se le habían echado encima y los cambios que antes percibían en el horizonte remoto, legaron y chocaron con él que tanto amaba al futuro.

 Hacía más de dos largas décadas que había dedicado a cumplir humildes tareas para el bien del pueblo, pero desde una posición muy modesta, sin pretender liderazgo alguno. Estaba atrincherado en la escuela desde donde le había declarado la guerra a la incultura, ahí desplegaba toda su acción silenciosa pero eficaz.

 Hoy que todo a cambiado, aquéllos que fueron alumnos del viejo maestro, generaciones que vio crecer intentando que se desarrollaran derechos, como los fresnos, deben ser viejos y adultos. ¿Lo recordarán? Con toda seguridad que si. ¿Cómo lo recordaran? Seguramente con toda la grandeza de sus fallas y aciertos. Nadie negará que fue un gran maestro, todos cuantos pudieron salir a estudiar una carrera o a enfrentarse a la vida, lo deben de tener presente con gratitud.

VII

Ese año escolar terminó de la mejor manera, dejándome impresiones gratas y útiles para todo el desempeño posterior de mi profesión. Recuerdo que esas vacaciones ingresé a la Escuela Normal Superior en especialidad en Historia.

 Transcurridos dos meses regresé a la comunidad donde encontré al viejo maestro con la cabeza cada vez más blanca al igual que su gran bigote, solamente la chispa de sus ojos y la estructura gruesa de su cuerpo delataban una personalidad enérgica. Ahí estaba cuidando la escuela, los árboles de toda la avenida, de la plaza, la parcela escolar… en agosto había impartido clases para algunos niños y niñas que, para gusto de él, lo requerían.

 Mi segundo año en aquel lugar se inició con el fervor y la determinación de abejas que embargaba a todo el personal, formado por cuatro hombres y tres mujeres, más el director. Ya no era yo el nuevo; habían salido dos del personal y se incorporaban dos novatos; yo pasaba a la fila de los veteranos. Trabajamos muy bien hasta diciembre, pero al regreso de vacaciones se iniciaron una serie de problemas que alteraron para siempre el funcionamiento de la escuela y destruyeron la labor de muchos años, el trabajo de tantos maestros y maestras que ahí pusieron su alma. Los recuerdos brotan en torrentes como si hoy mismo estuviera viviendo aquello que aconteció en el otro extremo de mi vida profesional.

 La mariposa negra que revoloteaba sobre nosotros se posó en la escuela aquel enero que debería de estar olvidado. Todo se inició con los comentarios de varios maestros y maestras:

 -Ya no es tiempo de que realicemos trabajos en la parcela escolar, en todas las escuelas rentan la tierra y dejan mejores utilidades sin trabajar.

 -¿Por qué no tiene su bandera la escuela? No es correcto que sigamos utilizando la del director.

 -Solamente en esta escuela se trabajan dos turnos, mañana y tarde. Si ya nadie lo hace ¿por qué nosotros?

 -Los comités del pueblo deberían de ser independientes de la escuela, pues es trabajo doble para nosotros.

 -Y el director, ¿cuándo se jubila? Ya ninguno de su generación está trabajando, es un viejo que algún día se enfermará por estar aferrado a su plaza.

 La situación tuvo que tratarse en reunión del personal donde se produjo un pleito que jamás hubiera imaginado; las palabras del maestro nada modificaron, salieron a relucir asuntos que ya creíamos sepultados en el pasado. La escuela se cubrió de un manto gris como si estuviéramos de luto, el trabajo se realizaba sin el espíritu alegre, tenaz de unas semanas antes.

 En medio de aquella tensión espantosa el maestro solicito permiso para ausentarse tres días de la escuela. A nadie le dijo qué haría en ese tiempo, lo que aumentaba la zozobra de personal.

 Una noche antes de partir la pasó en vela; revisó sus viejos papeles, contempló las fotos de sus dos hijos; tomaba café y fumaba como nunca, salía a la calle silenciosa, se quedaba largos ratos bajo el saúco, caminaba alrededor de la escuela, regresaba a la casa, trataba de leer… ¿en qué mares navegaba la barca de sus recuerdos? ¿Invocaría a grandes maestros, aquéllos que los subieron a la aventura de las Misiones Culturales? ¿Vendrían, aquella noche fría, del sur del sur las nostalgias?

 Cuando regresó, después de tres días de ausencia, tenía la expresión distinta, había tomado decisiones importantes: renunció a la dirección de la escuela y trajo el nombramiento de directora para la maestra de mayor antigüedad en el servicio. –Tomaré un grupo- le dijo a la maestra y se retiró del salón de la reunión. Un grueso silencio se impuso largamente hasta que lo interrumpió la voz de la directora. –Tomen sus grupos- ordenó.

 El resto del año fue de tristeza y de largos silencios en aquel ambiente que dejaba atrás un pasado de gloria; se suprimió un turno, nos redujimos al trabajo en las aulas, las relaciones de pueblo y escuela tomaron un carácter meramente social. Todo fue desmantelado, transformado, torcido… mientras el maestro envejecía mirándonos. En los recreos, cuando salía de su salón, se trepaba en las gradas de la cancha y desde ahí nos contemplaba; no puedo definir si con coraje o conmiseración o tal vez éramos para él los agentes con los que se cumplía una horrible profecía.

 Triste y silencioso así lo dejé. Supe después, allá en la frontera, que sus hijos se lo habían llevado; si así fue, sí arrancaron de esta tierra, de esta agua al viejo y frondoso fresno que tanta sombra nos dio, seguramente murió pronto. Jamás he tenido noticias precisas y las imágenes más vivas las recupero ahora, en este viaje fugaz hacia el pasado.

 Nunca imaginé que en aquella madrugada y aquel amanecer revivirían en mí recuerdos tan lejanos, vivencias que parecían haber desaparecido para siempre en mi memoria. Llevo la impresión de haber visitado el pasado del pueblo, del viejo maestro, de la escuela, de mis compañeros. El pasado de la educación, el mío propio.

 Ya en carretera veo el amanecer; el cielo se ha pintado como flor de calabaza, pronto estallará el sol en el horizonte con su festival de amarillos dominando al mundo. Así era la mañana remota en que me separé de él hace ya treinta años. Nos dimos un fuerte abrazo, -le encargo al relojito-, le dije para no llorar. Este mismo aire fresco soplaba cuando me despidió con su mano, desde la ventana. Allá se quedó en su universo, gozando y padeciendo aquello que lo rodeaba; la escuela y los niños, lo que tanto admiraba, llanura desmedida, fue lo que vio y amó toda la vida.

En Cd. Cuauhtémoc, Chih., en estos días se celebra el Festival de las Tres Culturas (mestiza, menonita y tarahumara).

Los menonitas llegaron a estas tierras en 1922, cuando gobernaba Álvaro Obregón; como dice Jordán en la Crónica de un País Bárbaro, es un pueblo que mantiene sus tradiciones, es una nación dentro de otra, "es un pueblo egoísta".

Los mestizos pobres de la región sobreviven como pueden. Los mestizos ricos siguen enriqueciéndose merced al trabajo no pagado, es decir, en base a la explotación del trabajo de los pobres.

Mientras tanto, los tarahumaras deambulan por las calles de Cuauhtémoc viviendo de la kórima, de la caridad.

Por lo anterior, considero que este festival es demagógico, es parte de la farsa oficial que quiere aparentar que todo funciona muy bien.

A continuación, un poema dedicado a los rarámuris:

 

LA PROSA TARAHUMARA (Canción)

Letra: José Luis Aguayo Álvarez

Música: Arcelia Paz

 

 

Ahora no se puede hablar

ni de penachos ni plumas,

ni de arcos ni de flechas,

ni de juegos de pelota.

 

Hoy no se puede encontrar

al in dio de mil colores,

al indio fotografía,

a los indios cazadores

y danzantes en cuaresma.

 

A aquel indio ágil y fuerte,

al indio todo coraje,

al indio dueño del bosque

y del risco y la cascada.

 

Al dueño de la montaña,

los árboles y la nieve,

al dueño de la montaña,

los árboles y la nieve.

 

Hoy es el indio sumiso

al que todo le quitaron,

cuando las tierras tenía

hacia el bosque lo arrojaron.

 

Y después lo persiguieron

pa' quitarle la madera...

pa' quitarle la madera...

pa' quitarle la madera...

 

Toda mentira es verdad,

con tal de que sea oficial,

si la dice el policía...

si la dice el comisario...

 

Si la dicen los gobiernos,

si la dicen todo el día,

como cuentas de un rosario...

como cuentas de un rosario...

 

(Tomado de "José Luis Aguayo Álvarez. La intensidad de una vida". Luis Guerrero Rubio Nájera, 2010).

ASOCIACIÓN DE EXALUMNOS DE LA ESCUELA NORMAL DE SALAICES, A.C.

 TESTIMONIOS DE LA CREACIÓN LITERARIA DE JOSÉ LUIS AGUAYO ÁLVAREZ



 

 UNA BREVE PARTICIPACIÓN EN EL SEGUNDO ANIVERSARIO LUCTUOSO DEL CAMARADA AGUAYO

Marcelo Amaro Villalobos

La primera imagen que conservo en mi mente de la afortunada relación de amistad, compañerismo y coincidencias (o desavenencias, que también las hubo) en los caminos de la vida con el camarada Aguayo, es -ironías de la vida- un combate boxístico entre él y yo.

Habíamos llegado juntos al internado en septiembre de 1960 y por el apellido coincidíamos no sólo en la lista del salón de clases sino, como todos sabemos, en la mesa del comedor, en el dormitorio y en las comisiones diarias.

En alguna de esas tardes tediosas, seguramente por incitación de los más grandes, nos encontramos formando parte del cartel (NO CÁRTEL) boxístico que se desarrollaba en unas tapias ruinosas localizadas frente al monumento, donde después se construyeron las oficinas administrativas de la escuela.

Ya no recuerdo a cuantos rounds se pactó el combate, ni a cuál de los dos pugilistas (Aguayo o yo) se le adjudico el triunfo. (Se dice que es uno de los admirables mecanismos de auto-defensa del cerebro humano: borrar los recuerdos negativos).

Sin embargo, un criterio se formó en mi mente y ese sí, jamás se me ha borrado: José Luis Aguayo Álvarez era invencible. O para que se escuche menos “zalamero”, difícilmente se daba por derrotado. Conozco algunos casos más donde se podría aplicar con justeza esta afirmación pero no voy a mencionarlos aquí. Ustedes que lo conocieron igual o mejor que yo, podrán decir si es cierto.

Los años fueron transcurriendo con su inexorable ritmo acelerado, al igual que nuestras vidas. En el ejercicio de la actividad profesional nunca nos tocó coincidir en la misma escuela o zona escolar. Y otra vez, por las ironías de la vida, habíamos quedado en bandos opuestos cuando la vorágine de la actividad político-sindical nos llevó al enfrentamiento y la descalificación muchas veces infundada, hacia aquéllos que el día anterior habían sido nuestros amigos e, incluso, “carnales” en el internado.

Hacia finales de los 90´s el compañero llegó a trabajar a Juárez. Coincidimos en dos o tres reuniones de amigos, nada en especial. Pero el sí que traía algo especial que yo en ese tiempo no supe: en sus ratos libres, y preferentemente por las noches, según se desprende de sus muy interesantes narraciones contenidas en el libro “La Puerta de los Relatos” se dedicaba a recorrer las calles de nuestra aporreada ciudad “por donde han pasado todas las razas del mundo en su prisa por llegar a la frontera profunda”.

Ahí vio el destrozo descomunal. Habían abierto zanjas y destruido banquetas como si se tratara de un espantoso bombardeo. Pero la vida nocturna no se interrumpe. Nada detiene a esta ciudad de nadie, en la que todos somos venidos de otras tierras, todos con aire de fuereños y cansina determinación de caminantes.”

Entró a un restaurant de chinos viejos, donde encontró gringos y centroamericanos; parejas de enamorados seniles, traficantes de drogas, vendedores ambulantes y otros que como yo –dice Aguayo- no tienen un lugar donde pasar la noche.

En ese lugar también encuentra grupos de ancianos jugando dominó y ajedrez, cuyas piezas fingen morir ahorcadas, amarradas o ahogadas con el afán de prolongar la existencia de los jugadores, “cuyo destino se encuentra en jaque hace mucho tiempo”.

Este cuento al que me estoy refiriendo y que su autor llamó “PERSONALIDADES SECRETAS”, contiene tantos elementos y tan minuciosos datos de la, digamos, “historia secreta” o “impublicable” de nuestra sufrida ciudad, que yo no estoy seguro si efectivamente el compañero vivió esa noche de terror o si como suele suceder en la mayoría de los casos, se dejó llevar por la añeja leyenda negra.

Lamentablemente hoy es un poco tarde para aclararlo. Pero de cualquier manera es admirable la capacidad y habilidad que muestra al describirnos paso a paso sus andanzas en esa noche de invierno –suponemos-.

En la Avenida Juárez ve niñas a las que él imagina de preparatoria, que ofrecen su amor “por poquitos dólares”, elude a una palomilla de “rancholos” y se encuentra con un conocido: Es un coyote que lo lleva a pasar la noche en su casa, situada en un barrio donde “el grafiti se ha apoderado del mundo”.

En la calle observa a una solitaria mujer que repite hasta el infinito de su locura los movimientos rítmicos aprendidos en la línea de producción de la maquila.

Más adelante intercambia pláticas con una pandilla de matapolicías; mal dormita en lo que llamaríamos ahora una casa de seguridad repleta de aspirantes a mojados, de donde huye justo a tiempo, antes de la llegada de la policía y concluye su viacrucis nocturno en el lugar donde debe terminar todo relato que no quiera estar incompleto de la vida en esta ciudad fallida: Dormitando en la línea del puente.

“Donde se amotinan los cientos de hombres y mujeres negros, blancos y mestizos que salen de cabarets, bares y cantinas que pelean y discuten en diferentes lenguas”. De ahí se retira nuestro camarada porque “A las siete treinta deberá tomar la maleta y los libros para irse a la escuela”. Interesante… ¿No?

Es una descripción ruda de la ciudad sinónimo de pecado. Eso cuando la recorrió Aguayo; ahora suceden cosas peores, todos lo sabemos. Y más: Algunos afirman que el mismísimo Dios Padre al hacer su recorrido diario, vuelve el rostro hacia otro lado para no vernos y ya está considerando aplicar la “solución final” de Sodoma.

Ojala no cometa el mismo error porque si el propósito es acabar con los impíos y pecadores -malandros, decimos ahora- , en aquella ocasión seguramente morirían muchos hombres y mujeres que no lo eran, por no mencionar a los niños, que tampoco se salvaron. Al menos eso dice José Saramago en su libro “Caín”. Y en esta ciudad proletaria habitan miles y miles de mujeres y hombres justos; miles y miles de criaturas inocentes que anhelan vivir en paz.

Y podría seguir, compañeros, amigos aquí presentes. Porque Aguayo nos deleita en su “PUERTA DE LOS RELATOS” con otra pieza literaria cargada de bella prosa, ternura humanitaria y descripciones muy deprimentes del entorno geopolítico de la frontera en el que se desarrolla su “NIÑA DE GUATEMALA”.

Aprovecho un último minuto de su tolerancia para narrarles otro detalle de la gran amistad con la que me honró José Luis y que tiene también relación con su obra literaria.

Cuando Aguayo estaba en la elaboración de su último libro, “VIDA Y OBRA DE FERNANDO JORDAN”, se comunicó conmigo varias veces, insistiendo en que yo le aclarara una duda: Resulta que en el capítulo titulado “El Desierto” en la obra de Jordán, se hace mención a una comunidad pero no dice el nombre.

Aguayo insistía en que era ni más ni menos que SANTA ELENA, mi añorado terruño en donde viví mi infancia y parte de la adolescencia, y que yo lo he descrito como “El ultimo rinconcito del desierto chihuahuense”.

Así que me puse a leer y releer esa parte, con la esperanza de identificarla y pedir a José Luis que si iba a mencionar esa parte en su libro, señalara aunque sea por no dejar, que de ahí eran originarios ciertos amigos suyos. Escuchen la descripción que hace Jordán:

“Se llega una mañana a un rincón del Estado, allá en los límites de Coahuila y Texas. Es un poblado pequeño y desordenado color de tierra, en la que no hay un árbol ni para consuelo fisiológico de los perros hambrientos que corean un recibimiento de ladridos.

Están los hombres sentados, en la resolana del invierno. Se va a la escuela, donde los niños tosen bronquitis crónica y tiemblan de frio apretujados en torno a las mesitas donde aprenden la historia heroica que no comprenden; que no comprenderán jamás mientras sientan el frio en los cuerpos y el hambre en sus estómagos.

La maestra esmirriada y pobre, como los alumnos, explica “algo que les quitara el frío” pero poco es el calor del fuego para tanto viento cortante que se mete por las ventanas sin vidrios y la puerta sin batiente.”

Ante tan desolador panorama, preferí decirle que, en mi opinión, la comunidad descrita efectivamente pertenecía al municipio de Manuel Benavides pero no era Santa Elena, sino el Ejido de Providencia, muy cerca de ahí. Y así quedo señalado en el libro de Aguayo… Y es cierto.

… Y cuantas cosas más podríamos comentar de la vida y obra de este ilustre egresado de la Normal Rural de Salaices, misma que “Hoy se encuentra con las alas rotas/ Rodeada de hirientes abrojos…” etc., etc… como dice el compañero Alberto Hinojos en sus REMEMBRANZAS.

No me resta sino decirles que me siento muy honrado de haber contado con tan interesante auditorio para cumplir con un caro deseo de mi parte: Ofrecer con respeto y mucho afecto un humilde recuerdo al amigo que se nos adelantó un poco hacia la meta que todos un día llegaremos. Y poder decirle que mientras estemos sus amigos, Él, José Luis Aguayo Álvarez y sus obras, estarán presentes.

Ciudad de Chihuahua, 29 de febrero de 2012.

 

 

 DOS ANÉCDOTAS DE MI COMANDANTE AGUAYO

  Manuel Figueroa

UNA.- José Luis Aguayo Álvarez proviene de una familia luchadora, terca. El abuelo -don León Aguayo- es cofundador del ejido den El Porvenir. Otro tío, don Baltazar Aguayo, reunió sus bienes exclusivamente con recursos de gran esfuerzo; solía aconsejarles a sus hijos que resistieran hasta el último cartucho; y uno de los menores, Manuel, casi terminó la abogacía; después se hizo cargo de arreglar los problemas agrícolas y lideraba una vasta región del estado cuando José Luis fue representante de la Secretaría de Acción Campesina en Salaices y corriendo el tiempo ambos -tío y sobrino-, participan por la reivindicación de esos derechos, aún con diferentes corrientes de opinión y propuesta.

Aparte fue muy normal que en el pueblo donde viviera un Aguayo, éste representara alguna cosa de interés para los ciudadanos. Fue don Agustín Aguayo, padre de José Luis, quien respondió el discurso del compañero Andrés Rentería Duarte cuando fueron a El Porvenir, –se luchaba porque la SEP elevara su inversión en las escuelas normales rurales- en busca del apoyo y comprensión de los ejidos cercanos a la Normal. Siempre depositaron esos hombres su confianza en los estudiantes. Pero José Luis destacaba también por su ascendencia e influencia materna. Doña Julia Álvarez ayudaba a las mujeres a parir, era excelente partera, además de muchas otras cosas, siempre buscando el bien de sus semejantes.

Mujer excepcional, tenía para todas las cosas existentes y las que surgieran; una frase alegre, especial, por ejemplo; a los niños y jóvenes consentidos o chiples les decía “Tules” -Tules verules verijas azules-; encontraba un remedio para cada dolencia o enfermedad, se sabía los nombres de todas las plantas y hongos curativos. No fue casual que los maestros que acompañaron a José Luis en sus primeros años de docencia pudieron verlo por esos montes cargando su botiquín con medicinas.

Mas es en esa suerte de recuperación de su carrera -lo llamaremos así-, que Aguayo muestra su fuerza de carácter. Fue en su segundo año de secundaria, en Salaices: en el examen ordinario lo reprobaron en inglés. Asistió a otra prueba extraordinaria con los mismos resultados. Por aquel tiempo, incluso ahora, cualquier joven se habría retirado, de hecho algunos así lo hicieron pero no así Aguayo, estoy hablando de distintos arrestos.

El siguiente examen era a título de suficiencia; en El Porvenir sacaban a relajo el asunto: Han de querer que “El Colis” -cariñoso alias como lo nombraban algunas gentes del Porvenir- regrese hablando ingles de corrido como cualquier gabacho.

Coincidió que por aquel entonces llegó un maestro de inglés a Salaices de muy especial manera de llevar su docencia y trato con el alumnado, incluso personal, pues aplicaba en su enseñanza una dureza innecesaria por que amaba la forma de vivir norteamericana; y por el simple hecho de enseñar el idioma de tal gente que tanto admiraba, quería mirarnos como las suertudas bestias que al fin se nos había puesto en nuestro destino aquella semejante fortuna; obvio, los reprobados no alcanzaban el ínfimo escalón de aquellos considerados normales y Aguayo estaba apuntado al último examen: Título de Suficiencia.

El Chicharrón -alias que el maestro adquirió en Salaices- era de esa especie de profes que se frotan las manos cuando van a desgraciarte la existencia, porque el esfuerzo del chico era indiscutible, sumaban demasiadas pruebas, exagerado arguende de suficientismo, ni duda quedaba de la total aplicación del muchacho al estudio, sólo que el inglés no se le daba, esa era la verdad. Fue entonces que la despierta o desesperada situación de Aguayo advirtió una extraña predilección del maestro hacia un animal de corral: el cócono, y presto y con pasmosa rapidez lo consigue.

En un santiamén iba el muchacho con su guajolote por toda la carretera, optimista, animoso.

 

DOS.- En el ISSSTE de Chihuahua capital los médicos tenían un dilema. La bala que había entrado a la altura de la boca, corrió en dirección a la clavícula derecha para terminar incrustándose cerca de una vértebra de su espina dorsal. Además de incrustarse, el proyectil ahora era un riesgo, Aceves pendía de aquella decisión.

Mas era gracias a José Luis Aguayo que la lucha por la salud de Aceves cuajaba, sin imaginarse qué hubiese pasado si no le presta atención.

Sucede que al ser herido de un balazo en su comunidad, Aguayo ya no lo desampara y consigue una camioneta para trasladarlo él mismo a Chihuahua, mas durante el trayecto observa que el herido se va desangrando y decidido le aplica una inyección para detener un poco la salida del líquido hemático, lográndolo; mas, cuando llegan al hospital y Aguayo pone el herido en manos quirúrgicas, Aceves lleva enorme bola… se le han hecho tres pompis, ¿se entiende cómo?

 

 

 

 CARTAS DEL PROFESOR JOSÉ LUIS AGUAYO ÁLVAREZ AL PROFESOR JOSÉ IGNACIO CÁRDENAS ALVARADO

Amigo Nacho:

Sé que has trabajado duro en los asuntos que me haces el favor de atender. El programa que tenemos es muy vasto; estaremos en el Valle de Allende el día domingo 13; el día 14 saldremos a Torreón porque muy temprano el 15 iremos a Nieves, Zacatecas a presentar mi libro; regresaremos el mismo día a Torreón para trabajar la reunión del día 16. Yo me regreso el mismo día a Chihuahua, porque tengo que salir para Ciudad Juárez el día 18.

Una gira así no la hago desde los viejos tiempos estudiantiles o de la época loca de los 70, 80, 90, tal vez tengas tiempo para acompañarnos a Nieves donde serás bien recibido con tu guitarra acuestas.

Quizá puedas regresarte conmigo a Chihuahua para estar en Ciudad Juárez el 18 y reunirte con Vicente en aquella frontera o tal vez él te invite para que lo acompañes desde Torreón; es una bronca muy grande ser tan útil, tan buen compañero, cantante, etc.

La nueva cuenta del banco Banamex es 5177 1200 3207 8091

Me cuentas que te sientes contento con la publicación de tu trabajo. Aquí varias personas me han reclamado por la equivocación del nombre en aquel retrato, algunos me culpan a mi y otros al periódico; es natural que quieras leer y que otros conozcan nuestro trabajo, pues una vez que las cosas se escriben toman una dimensión distinta, viven y se pueden comunicar con mayor facilidad. Es un orgullo que alimenta nuestra vanidad cuando vemos escrito algo bonito, sencillo y favorable. Debes lucir cuantas veces y cuantos lugares puedas estos escritos que son reflejo de tu arte; no es negativo que otras personas sepan que entre nosotros, sencillos profesores, hay valores sumamente importantes y de gran dignidad. No dejes de comunicarme.

Saludos. Aguayo.

Chihuahua, Chih., 19 de agosto de 2003.

 

Amigo Nacho:

Espero que estés metiéndole ánimo a la vida, fuego a la caldera, candela a la existencia… Es la mejor manera de transcurrir la existencia.

En ratos yo me quiero rajar, dejar todo a un lado y dedicarme a vivir por ese sólo hecho, llevar una vida sin actividad, visitando los doctores todo el tiempo y esperar la justicia de un buen infarto. Pero no nací para esa vida; pronto me convenzo de que es necesario jalar la carreta un poco más.

Félix y Molina, mis hermanos, se han especializado en comentar mi libro. Sus voces se han escuchado en Parral, en Juárez y dos veces en Chihuahua. No sé qué sería de mi sin ellos dos, que están en los principales actos de mi vida.

Cuando escribes un primer libro te convences de que escribir es un arte; cuando haces dos o tres, dices que escribir es un oficio como quebrar piedra o clavar zapatos… Cuando escribes cuatro o cinco sin lograr el éxito, caes en la cuenta de que escribir es un calvario, una cruz que debes cargar siempre cuesta arriba. Creo que aquéllos que logran buenas becas no tienen esa percepción.

Estoy trabajando en tu apreciada persona para el primero de septiembre; tengo ya dos trabajos respecto a la música, quisiera emocionarme con el trabajo de ustedes para sacar un artículo que realmente sea bonito, reza por ello. Mi condición física no está para fiestas; no he participado casi en nada, pero mi cartera ha sudado feo con tanto gasto que inventan.

Sirva de corolario la fastuosa noticia para expresar mi solicitud de que me envíes lo que hayas vendido, salvando una cantidad para ti, de ello ya hablamos. Si algo puedes, que sea la próxima semana que es cuando andaré juntando botes, como se dice por acá.

Nacho, amigo, el pueblo está contigo.

Recibe por ello la alegría de mis saludos. José Luis.

23 de agosto de 2003.

 

Amigo Nacho:

Me trae gratos recuerdos el dibujo de Helguera y la copia que encontraste. Me sucede algo con esas coplas, me salen más o menos bien.

En un programa cultural en Chihuahua, acudía a un evento de poesías en una cantina que se llama LA ANTIGUA PAZ; una de las mujeres poetas se puso a llevar personas al foro para que improvisaran algunas palabras o poesías; por más que me escondí detrás de una cerveza, me localizaron y tuve que pasar. En el camino se me ocurrieron un par de coplas que después vi impresas en una revista donde se balanceaba la jornada cultural. Algún día te las voy a decir.

Agradezco que te hayas metido en esos barrios de pavor para llevar la carta. Me preocupa que esas personas en realidad vayan a realizar la reunión de los Salaices para el día 16 de octubre a las 6:00 en el hotel Nazas de Torreón, por ello te pido uno más de los muchos favores que te debo:

Que tomes el directorio de Torreón, Gómez y Lerdo si puedes, y les llames a los Salaices y Salais para decirles que en esa fecha vienen unos investigadores de EEUU apellidados Salaices en busca de sus raíces y que los invitan a una reunión. Es la única forma como podemos tener cierto éxito en esa ocasión, de lo contrario fallaremos.

Tengo miedo frente a estas actividades, pues llevo la vida con un sistema más o menos preciso donde aseguro mi trabajo y mi descanso. Así quisiera vivir hasta el descanso final y la presencia de otras personas y programas tan intensos me asustan.

Bueno, Nacho, pues ahí te dejo. Hoy deposito tu sobre con los periódicos en los Estrella Blanca.

Saludos grandes. Aguayo.

Chihuahua, Chih., 10 de septiembre de 2003.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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